91

1012 Words
Cuando Nyxara y Lucian entraron al comedor, la conversación cesó por un segundo. Todos estaban ya reunidos: Lord Solvard en la cabecera, Lady Nymera a su lado, Draegor con su sonrisa eterna… y Kael. Kael levantó la vista apenas los escuchó entrar. Y los vio. Juntos. Caminando lado a lado. Lucian un poco más cerca de lo necesario. Nyxara con una expresión suave, casi luminosa después de la tarde en la biblioteca. El tirón en el pecho fue instantáneo, brutal. Un jalón que le robó el aire. Pero no dijo nada. Nyxara tomó asiento a su lado —como siempre— sin notar la tensión en la mandíbula del guerrero. Lucian se sentó justo enfrente, ofreciendo una sonrisa tranquila a su familia. Los sirvientes comenzaron a servir la cena. El ambiente parecía normal. Hasta que Draegor habló. Y, como siempre, arruinó la paz con elegancia. —Y bien… —dijo con su tono melodioso, levantando la copa— ¿de dónde venían los dos jóvenes que se ven tan felices? Nyxara parpadeó. Lucian se atragantó un poco con su vaso de agua. Kael apretó el cubierto con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Draegor continuó, encantado con el silencio que había creado: —Vamos, no nos dejen intrigados —su sonrisa se ensanchó de manera casi cruel mientras miraba directamente a Kael—. ¿No es así, Kael? El ambiente se tensó como una cuerda a punto de romperse. Kael levantó la vista despacio. Muy despacio. Su mirada azul se clavó primero en Draegor… luego en Lucian… y finalmente en Nyxara. Ella tragó saliva. No sabía por qué… pero se sentía atrapada. Kael dejó los cubiertos sobre la mesa con un golpe seco que solo escucharon los que estaban más cerca. —Lucian y Natasha pueden ir a donde quieran —dijo con voz grave, contenida, demasiado calmada—. No es asunto mío. Pero sus dedos temblaban ligeramente sobre la mesa. Su pecho ardía. Su respiración era más pesada de lo normal. Draegor, por supuesto, no perdió la oportunidad. —¿Seguro, hermano? Parecías muy… atento cuando llegaron. Lucian dio un suspiro exasperado. —Draegor, ya basta. Nyxara bajó la mirada, avergonzada, sin entender por qué las palabras del hermano mayor hacían latir su corazón con fuerza extraña… o por qué el tono de Kael la afectaba tanto. Kael no respondió. Solo volvió a tomar sus cubiertos y empezó a comer en silencio, aunque su mandíbula seguía tensa como una roca. Pero Lady Nymera, que lo observaba todo con ojos experimentados, sonrió muy suavemente. Porque ella sí sabía exactamente lo que estaba pasando. Nyxara tragó saliva, sintiendo todas las miradas sobre ella. Quiso esconderse bajo la mesa. Quiso desaparecer. Pero también quiso ser sincera. Así que, con la voz más suave que pudo reunir, dijo: —Estábamos en la biblioteca… —sus manos temblaron apenas sobre su regazo—. Lucian me ayudó a buscar información sobre mí. Lucian asintió con una sonrisa tranquila, aunque su cuello estaba un tono más rojo de lo normal. Nyxara continuó: —Encontramos un libro donde decía algo sobre Lúmeryth… un lugar donde… —miró la mesa, luego la servilleta, luego sus dedos— …donde puedes hablar con los dragones. El silencio cayó como un velo pesado sobre la mesa. Draegor levantó ambas cejas. Lucian se acomodó, como preparándose para una reacción. Lady Nymera dejó el tenedor a un lado, interesada. Lord Solvard entrecerró los ojos, analizando. Y Kael… Kael dejó de mascar. Dejó de respirar. Dejó de existir por un segundo. Su mirada azul se clavó en Nyxara con una mezcla de sorpresa, desconfianza y… miedo? No, no era miedo. Era algo más profundo, más crudo. —¿Lúmeryth…? —repitió Kael, con voz baja, casi un gruñido. Nyxara sintió que se encogía en su asiento. —Sí… —murmuró—. No sé qué significa, pero… Lucian intervino: —Al parecer es un santuario legendario. Un lugar antiguo donde solo los bendecidos con sangre arcana pueden entrar. Draegor sonrió, encantado con el giro de los acontecimientos. —¿Un santuario perdido? ¿Dragones? Esto se vuelve cada vez más interesante. Pero Kael no estaba encantado. Ni divertido. Ni interesado. Estaba alterado. —¿Y para qué quiere saber eso? —preguntó Kael, sin apartar los ojos de Nyxara. Ella abrió la boca, pero su voz se quebró un poco. —Quiero… entender quién soy. La mandíbula de Kael tembló. Lucian la miró con apoyo. Draegor exhaló un “oh” burlón, como si acabara de presenciar una confesión jugosa. Nyxara siguió, con más valentía de la que creía tener: —Si hay un lugar donde puedo hablar con los dragones… tal vez haya respuestas. Tal vez alguien sepa por qué no recuerdo nada… o por qué perdí mis poderes. Kael apretó la copa con tanta fuerza que estuvo a punto de romperla. Lucian intentó suavizar: —No vamos a dejarte sola, Natasha. Solo buscamos información. Padre, quizás en tus mapas podamos— —NO. —La voz de Kael cortó la mesa como un cuchillo. Todos lo miraron. Kael respiraba agitado, como si se estuviera conteniendo. —Ese lugar no existe. Y aunque existiera, no vas a ir. Es peligroso. Nyxara lo miró con los ojos grandes, temblorosos. —Pero yo… —He dicho que NO —repitió Kael, esta vez golpeando la mesa con la palma abierta. Un silencio absoluto. Draegor sonrió de lado, disfrutando la tormenta. Lady Nymera suspiró, sabiendo exactamente lo que estaba viendo. Lord Solvard entrelazó las manos, pensativo. Nyxara bajó la mirada, sintiendo un nudo en el pecho. Kael se dio cuenta. Y odió haber sido él quien la hizo sentir así. Pero no sabía cómo pedir perdón. No sabía cómo hablar sin gritar. No sabía cómo protegerla… sin destruir algo en el proceso. El silencio se arremolinó tenso alrededor de la mesa. Nyxara bajó la cabeza, sus dedos temblando sobre su regazo. Lucian apretó los puños, incapaz de seguir viendo cómo Kael la hacía sentirse pequeña. Hasta que no pudo más.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD