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1057 Words
—Kael, basta —dijo Lucian con firmeza, su voz calmada pero cargada de fuerza. Kael lo miró, sorprendido por el tono. —Estás siendo injusto —continuó Lucian—. Natasha solo quiere respuestas. ¿Cómo puedes culparla por querer entender quién es? Kael gruñó. —No entiendes nada, Lucian. —Entonces explícame —replicó Lucian, levantando la barbilla—. Porque desde aquí solo parece que te molesta que ella busque algo que tú no puedes controlar. Draegor sonrió con malicia contenida. Lady Nymera entrelazó las manos, preocupada. Lord Solvard observaba en silencio, dejando que los jóvenes resolvieran lo suyo. Kael apretó los dientes. Su mirada azul ardía de frustración, miedo y algo más que no quería nombrar. —No quiero controlarla —respondió Kael con voz baja pero intensa—. Quiero que deje de meterse en problemas. No sabe lo que está despertando. Nyxara levantó la mirada apenas, herida. —Yo… no quiero causar problemas —susurró. Lucian tomó aire. —No los causas. Nosotros estamos aquí para ayudarte —dijo mirándola directamente—. Yo estoy aquí para ayudarte. Y no dejaré que nadie te haga sentir que tienes que disculparte por existir. El aire salió del pecho de Nyxara en un suspiro tembloroso. Kael lo escuchó. Y algo dentro de él crujió. —Siempre juegas al héroe, ¿verdad, Lucian? —escupió con un tono más dolido que violento—. Pero no sabes nada. ¡No sabes lo que ella es! ¡No sabes lo que podría pasar! Lucian lo enfrentó. —Entonces enséñame, porque no pienso abandonarla. Eso fue demasiado. Kael se levantó tan rápido que su silla cayó hacia atrás con un estruendo que hizo saltar a varios sirvientes. Su respiración era pesada, casi un rugido atrapado en su pecho. Miró a Nyxara. Ella lo observaba con ojos grandes… llenos de miedo, confusión… y tristeza. Kael sintió un puñal en el corazón. Y en lugar de enfrentarlo… Se dio la vuelta y salió del comedor con pasos furiosos, empujando la puerta tan fuerte que las paredes temblaron. **La tormenta se había ido. Pero el silencio que dejó atrás era peor.** Nyxara se quedó sentada, rígida, con la garganta cerrada. Lucian se inclinó hacia ella, preocupado. —Natasha… no lo escuches, por favor. Kael no quiso— —Sí quiso —susurró ella, su voz apenas un hilo. Sus ojos se llenaron de lágrimas sin permiso. No entendía por qué Kael le hablaba así. No entendía por qué él… le dolía tanto. Se levantó lentamente, sin mirar a nadie. —Perdón… yo… yo no quise… —su voz se quebró sin terminar la frase. Y salió corriendo del comedor, las lágrimas rodando por sus mejillas mientras subía las escaleras hacia su habitación. Lady Nymera se puso de pie al instante. —Pobre niña… —murmuró con dolor. Lucian se levantó también, el corazón encogiéndose. —Tengo que ir con ella —dijo. Pero Draegor lo detuvo con una mano en el brazo y un murmullo bajo: —Espera. Dale un momento para respirar… o la abrumarás más. Lucian apretó los labios, indeciso. Mientras tanto, en el pasillo… Nyxara corría, su cabello blanco siguiendo sus pasos, su visión nublada por lágrimas. No sabía por qué dolía tanto. Pero dolía. Nyxara llegó a su habitación casi sin aliento. Apenas cerró la puerta detrás de sí, sus piernas cedieron y se dejó caer sobre la cama. Las lágrimas, tibias y silenciosas, mojaron las sábanas. No entendía nada. No entendía por qué Kael… por qué él, de todos, le hablaba así. Por qué se enojaba cuando ella hacía preguntas. Por qué la miraba como si fuera peligrosa… o preciosa… o ambas. —¿Por qué…? —susurró, apretando las manos contra su pecho—. ¿Qué hice mal? ¿Por qué no quiere que sepa quién soy? Su corazón dolía de una forma desconocida, intensa. Como si el grito de Kael hubiera dejado una marca dentro de ella. La puerta se abrió con suavidad. Era Elin. La doncella no dijo una sola palabra. Solo entró, dejó una bandeja de comida caliente en la mesa, y se retiró sin hacer ruido. Sabía que Nyxara necesitaba estar sola. Nyxara se tapó el rostro con las manos, sollozando como si el dolor fuera demasiado grande para su cuerpo humano. A la misma hora, en el área de entrenamiento, Kael golpeaba una pared de piedra con tanta fuerza que logró dejar una grieta. Su puño sangraba, pero no le importaba. —¡Soy un idiota! —rugió, golpeando otra vez—. ¿Por qué le grité así? ¡Maldita sea! Se inclinó hacia adelante, apoyando una mano en la pared, respirando como si estuviera peleando una guerra contra sí mismo. —Quizá… —murmuró, apretando los ojos, sintiendo algo que lo desgarraba— …quizá ella… — Pero no terminó la frase. El sonido de pasos firmes detrás de él lo obligó a detenerse. Lord Solvard. Su presencia imponía respeto aun en silencio. —Hijo mío —dijo con voz grave y tranquila—. Entiendo que quieras proteger a Nyxara… incluso de ella misma. Kael bajó la mirada. Se sentía como un niño atrapado en una mentira. —Lo sé, padre… pero… —tragó saliva— …es solo que todo esto… todo lo que despertó… yo… —apretó los puños— …no sé cómo manejarlo. Lord Solvard lo observó en silencio por un momento. —Kael —continuó finalmente—. No puedes evitar que ella quiera saber su origen. Ni puedes gritarle para mantenerla a salvo. Kael apretó los dientes, el pecho latiendo con frustración y dolor. —No quería dañarla… solo… —exhaló con fuerza— …solo no quiero perderla. Y ni siquiera sé por qué siento eso. Lord Solvard sonrió con una mezcla de tristeza y sabiduría. —Porque tu corazón ya decidió antes que tu cabeza. Y eso te asusta. Kael sintió un impacto en el pecho. No lo negó. Lord Solvard dio un paso adelante y le puso una mano en el hombro. —Debes ir y hablar con ella, hijo. No con furia… no con miedo… sino con verdad. Kael cerró los ojos por un momento. Respiró hondo. Y cuando los abrió, una determinación nueva brillaba en ellos. —Sí, padre —murmuró—. Iré… hablaré con ella.
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