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1243 Words
Nyxara estaba arrodillada sobre su cama, abrazando una almohada, con el rostro completamente encendido. Sus dedos se deslizaban una y otra vez sobre sus labios, recordando el calor de los besos de Kael, sus manos grandes sosteniéndola, la luz dorada en la cueva, la forma en que él la miraba como si fuera lo más precioso del mundo. Sentía que su cuerpo vibraba con una energía extraña, dulce, cálida. El corazón le latía rápido, demasiado rápido. Era una mezcla de emoción, nervios, algo parecido a miedo… y algo más profundo. Estaba tan perdida en esos pensamientos que no escuchó la puerta abrirse. Elin entró con una bandeja y un cuenco de agua tibia para preparar el baño nocturno. Cuando vio la expresión de Nyxara —esa sonrisita tímida, los labios rojos de tanto tocarlos, las mejillas encendidas— no pudo evitar soltar una risita suave. —Mi lady… —dijo con una sonrisa traviesa—. ¿Puedo saber qué la tiene tan pensativa… y tan sonrojada? Nyxara parpadeó, como si regresara desde un recuerdo muy lejano… y muy cálido. —Elin… —murmuró ella, bajando la mirada—. Hoy… pasaron cosas. Elin dejó la bandeja y se sentó a su lado con la paciencia de alguien que conocía muy bien a las jóvenes enamoradas. —Ya me imagino —respondió con complicidad—. No soy ciega, mi lady. La forma en que lord Kael la miraba cuando llegaron… Si una vela se acercaba a ustedes dos, el castillo explotaba. Nyxara escondió el rostro entre las manos, muriéndose de vergüenza. —No sé qué me pasa, Elin… —susurró desde detrás de sus dedos—. Pero… me siento… extraña. Feliz. Nerviosa. Como si todo dentro de mí brillara. —Eso se llama estar enamorada —respondió Elin con dulzura. Nyxara levantó la cabeza, con los ojos grandes. —¿Ena…morada? ¿Qué es eso? ¿Es algo… malo? Elin rió suavemente. —No, mi lady. Es algo muy hermoso. Es cuando una persona hace que su corazón lata más rápido, cuando piensa en él incluso sin querer… cuando son sus manos y su voz las que la tranquilizan. Cuando desea estar a su lado… siempre. Los labios de Nyxara se separaron, sorprendidos. —Entonces… yo… ¿estoy… enamorada de Kael? Elin inclinó la cabeza, observándola. —Bueno… solo usted puede saberlo. Pero si tengo que adivinar… —sonrió— diría que sí. Y lord Kael también lo está. Nyxara sintió un calor hermoso recorrerle todo el pecho. Pero entonces recordó algo que le había causado confusión en el comedor. —Elin… —dijo tímidamente—. ¿Qué es una… boda? Elin abrió los ojos con sorpresa, como si no esperara una pregunta tan pura. —Oh, mi lady… —dijo en voz baja, enternecida—. Una boda es… cuando dos personas se prometen amor para toda la vida. Es cuando deciden quedarse juntas, protegerse, cuidarse, formar un hogar… Es un compromiso sagrado. Nyxara se quedó en silencio un momento. Luego murmuró casi para sí, con las mejillas encendidas: —¿Y… creen que Kael… querría eso conmigo? Elin sonrió como si hubiera estado esperando esa pregunta. —Mi lady… después de verlo hoy… creo que lord Kael quemaría medio reino antes de dejarla ir. Nyxara abrió mucho los ojos, sonrojándose aún más. Elin se levantó y comenzó a preparar el agua del baño. —Vamos, mi lady… —dijo suavemente—. Entre más limpia y relajada esté, mejor dormirá. Y mañana… quizá lord Kael decida visitarla. Nyxara sintió que el corazón le saltaba del pecho. Y mientras Elin la ayudaba a entrar en el baño, Nyxara murmuró para sí misma: —Kael… Como si su nombre fuera una oración. Mientras Nyxara se bañaba, aún sonrojada por los recuerdos del día, en otra parte del castillo Kael caminaba con pasos pesados hacia el estudio de su padre. Había dejado a Lucian calmándose en el jardín, pero el dolor en los ojos de su hermano seguía persiguiéndolo como un fantasma. Lord Solvard estaba revisando mapas y pergaminos cuando escuchó la puerta abrirse sin ceremonia. Levantó la vista y enseguida notó el ceño fruncido, los hombros tensos, la mirada perdida de su hijo. —Kael —dijo con voz grave pero cálida—. ¿Ha pasado algo? Kael cerró la puerta detrás de él, respiró hondo y se quedó un momento sin hablar. Su padre aguardó. Sabía que, si su hijo dudaba así, era por algo importante. Finalmente Kael murmuró: —Lucian… me necesita. Está destrozado. Y todo es por mí. Lord Solvard dejó su pluma. Su atención se volvió total. —Siéntate, hijo. Kael se dejó caer en la silla, apoyando los antebrazos en sus rodillas, la postura de alguien que llevaba un peso demasiado grande. —No sabía… —dijo con la voz áspera— que Lucian sentía algo por Natasha. Nunca me lo dijo. Nunca imaginé… Lord Solvard asintió lentamente. —Lucian tiene un corazón tierno, Kael. Y Natasha… es fácil de querer. Kael bajó la mirada, apretando los puños. —Lo lastimé. Está profundamente herido. Y aun así… —tragó saliva— no quiero alejarme de Natasha. No puedo. Se quedó callado, como si su alma estuviera expuesta. —Cuando estoy con ella… —Kael buscó las palabras como si no estuviera acostumbrado a cosas tan delicadas—, me siento diferente. Me siento vivo. Y no quiero renunciar a eso. Lord Solvard observó a su hijo mayor con una mezcla de orgullo y preocupación. —Te estás enamorando —dijo con firmeza. Kael levantó la mirada, sorprendido de escucharlo tan claro. —No sé si… —empezó. —Sí lo sabes —interrumpió su padre suavemente—. Se te nota en cada gesto. En cómo la miras. En cómo corriste por ella cuando desapareció. En cómo la tomaste en brazos en la caballeriza, sin importarte quién te viera. Y sobre todo… —sonrió de lado— en cómo estás sufriendo ahora. Kael cerró los ojos un momento. Sí. Lo sabía. Lo que sentía por Nyxara era salvaje, profundo, imposible de controlar. —Pero Lucian… —susurró. Lord Solvard se puso de pie y caminó hacia él, apoyando una mano pesada en su hombro. —Lucian es fuerte. Su corazón sanará. Pero tú, Kael… si renuncias a Natasha por él… tu corazón se romperá para siempre. Kael tragó duro, porque cada palabra daba en el blanco. —El amor no es una guerra entre hermanos —continuó su padre—. No se lo arrancaste. Natasha eligió. Y aunque no lo diga en voz alta… lo vi en su mirada cuando te vio hoy. Kael sintió un estremecimiento recorrerlo. Recordó su beso. Recordó su voz susurrando su nombre. —¿Entonces qué hago? —preguntó en un susurro ronco—. No quiero perder a Lucian… pero tampoco puedo dejarla. Lord Solvard sonrió, orgulloso. —Haz lo que debe hacer un verdadero Solvard: Sé honesto. Sé firme. Sé noble. —Habla con Lucian cuando él esté listo. Y cuida de Natasha sin ocultarlo más. Kael respiró hondo, como si finalmente pudiera llenar los pulmones. —Gracias, padre. —Recuerda esto, Kael —añadió Lord Solvard antes de que él saliera—: Una mujer como Natasha no aparece dos veces en una vida. No cometas el error de dejarla ir. Kael se detuvo en la puerta. Y por primera vez en mucho tiempo… sonrió.
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