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835 Words
Kael caminaba con pasos largos y tensos por los pasillos del castillo. No sabía a dónde iba. No pensaba. Sólo avanzaba, arrastrado por esa mezcla insoportable de enojo, calor en el pecho y confusión que llevaba horas presionándolo. Cuando volvió en sí, ya estaba frente a la puerta de la habitación de Nyxara. No tenía memoria consciente de haber llegado ahí. Algo lo había llevado… instinto, coraje, celos que no sabía nombrar. La puerta estaba entreabierta. Kael no debería haber mirado. Pero lo hizo. Y lo que vio hizo que algo dentro de él —algo primitivo, intenso, enloquecedor— explotara. Lucian estaba sentado junto a la cama, con una bandeja en su regazo y otra frente a Nyxara. Ambos compartían la cena. Lucian decía algo en voz baja. Nyxara reía, una risa suave, pequeña, pero real. Lucian la miraba con dulzura. Ella lo miraba con calidez. Eran una imagen… armoniosa. Agradable. Y Kael sintió como si el mundo se encogiera brutalmente. El fuego en su pecho se convirtió en puro acero hirviendo. No sabía qué era. No quería saberlo. Pero lo odiaba. Se dio media vuelta tan rápido que casi golpeó la pared. Y sin decir nada, sin pensar en nada más, tomó el camino al patio de entrenamiento. Necesitaba pelear. Necesitaba golpear algo. Necesitaba sacar ese veneno ardiente que le quemaba las entrañas. Su respiración era una mezcla de rabia y algo más… algo que no quería reconocer. En el corredor que llevaba al patio, Kael chocó con alguien. Draegor. Por supuesto. Con el cabello perfectamente arreglado, una copa de vino en la mano y esa sonrisa que prometía problemas. Draegor lo miró. Miró su expresión. Miró la dirección de donde venía. Y lo entendió TODO al instante. Sonrió con malicia fina. —Vaya, vaya… —dijo, deteniendo a Kael con un dedo en el pecho—. Así que necesitabas ver con tus propios ojos lo bien que se ven juntos, ¿eh? Kael apretó los dientes tan fuerte que crujieron. —Quítate —gruñó. Draegor rió, una risa baja y encantada, casi musical. —Te arde, ¿no? —susurró acercándose un poco—. No lo aceptas, pero te arde. Kael lo empujó con violencia. —Cállate, Draegor. Y siguió su camino sin mirar atrás, respirando como un animal herido que no entiende la herida. Mientras se alejaba, la risa de Draegor resonó por el pasillo, suave y burlona. Él sabía exactamente lo que Kael sentía. Sabía que era peligroso. Sabía que era inevitable. Y con esa misma sonrisa traviesa, Draegor siguió su camino hacia la habitación de Natasha. Porque él también tenía curiosidad. Y porque la historia… se acababa de poner mucho más interesante. La puerta se abrió de golpe sin que nadie tocara. —Bueno, bueno… ¿y qué tenemos aquí? —dijo Draegor entrando con esa sonrisa traviesa que siempre anunciaba problemas—. Dos avecillas disfrutando de su compañía mutua. Nyxara se sobresaltó un poco. Lucian se pasó la mano por la cara con resignación. Draegor caminó directamente hacia la cama como si fuera dueño de la habitación. Se inclinó con elegancia exagerada y tomó la mano de Nyxara con suavidad estudiada. —¿Cómo estás, madame? —preguntó antes de llevar sus nudillos a los labios en un gesto galante, casi teatral. Nyxara sintió un calor subirle a las mejillas. No entendía del todo por qué ese gesto la hacía sentir tan… extraña. Educada. Vista. Expuesta. —Estoy mejor, gracias… —respondió con voz baja, aún sonrojada. Draegor sonrió, completamente encantado por su reacción. —Me alegra escucharlo. Estaba preocupado por no verte en todo el día, Natasha. Pero veo que has tenido una compañía maravillosa. Lanzó una mirada burlona a Lucian, quien frunció el ceño al instante. —Ya cállate, Draegor —dijo Lucian con un suspiro pesado—. Si vienes a burlarte, mejor vete. Draegor hizo un gesto dramático, llevándose una mano al pecho. —¡Qué agresividad! Solo vine a ver cómo estaba nuestra querida Natasha. Pero veo que está en excelentes manos. Su mirada se deslizó de Nyxara a Lucian, y luego de vuelta a Nyxara con una sonrisa tan cargada de intención que Lucian apretó los dientes. Nyxara los miró a ambos, confundida por la tensión sutil entre hermanos, sin entender por qué todo se sentía tan… extraño. Draegor tomó asiento al borde de la cama como si fuera completamente bienvenido. —No sabes cuánto me alegra verte recuperándote —continuó con tono más suave, aunque sin perder su brillo burlón—. Todos en el castillo estaban preocupados por ti. Lucian resopló. —No es cierto. El único preocupado eras tú… y quizá yo. Draegor rió. —Y Kael —añadió con inocencia falsa. Lucian lo fulminó con la mirada. Nyxara parpadeó. ¿Kael… preocupado por ella? No entendía nada. Y Draegor, encantado con el efecto de sus palabras, se recargó hacia atrás con elegancia. El ambiente se volvió cálido, divertido, incómodo… y extrañamente significativo.
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