Draegor, aún sentado al borde de la cama, se acomodó con la elegancia propia de alguien que vivía rodeado de salones, diplomacia y vino caro. Sus ojos dorados brillaron con esa chispa de picardía que siempre anunciaba problemas.
—Querida Natasha… —comenzó, bajando la voz como si estuviera a punto de revelar un secreto importantísimo— en una semana tendremos una gala especial aquí en el castillo. Y quisiera que fueras mi invitada de honor.
Lucian dejó de respirar por un segundo.
Nyxara lo miró sorprendida.
Draegor sonrió aún más.
—Claro, si no le molesta a Lucian… o a Kael —añadió con un tono falsamente inocente.
La burla era tan clara que Lucian le lanzó una mirada que podría haber incendiado el castillo.
Nyxara parpadeó, confundida.
—¿Qué es… una gala? —preguntó con completa sinceridad.
La habitación quedó en silencio un instante.
Y luego ambos hermanos…
estallaron en risa.
Lucian intentó contenerse, pero fracasó miserablemente.
Draegor soltó una carcajada elegante, echando la cabeza hacia atrás.
Nyxara los miró, perdida y con las mejillas rosadas.
—¿Dije algo gracioso…? —preguntó bajito, llevándose la mano al pecho con una mezcla de timidez y desconcierto.
Draegor recuperó la compostura primero y se inclinó hacia ella, tomándole la mano con suavidad.
—No, mi querida —dijo con tono encantador—. Es que tu sinceridad es… refrescante.
Lucian se acercó también, con una sonrisa cálida.
—Una gala es como… una celebración —explicó suavemente—. Con música, comida, baile… gente bien vestida.
Nyxara abrió los ojos, maravillada.
—¿Por qué se hace eso? —preguntó sin filtro.
Ambos hermanos se miraron…
y volvieron a reír, aunque esta vez con más ternura que burla.
Draegor se pasó una mano por el cabello, aún sonriendo.
—Te lo explicaremos con calma, madame —dijo él—. Pero primero… ¿aceptas ser mi invitada?
Lucian frunció el ceño de inmediato.
—Draegor… no puedes obligarla así. Y además—
—No la obligo —interrumpió Draegor, encogiéndose de hombros con un gesto encantador—. Solo le ofrezco mi incomparable compañía. Y un lugar a mi lado en la gala más importante del año.
Lucian rodó los ojos.
Nyxara… aún sin comprender completamente la magnitud de lo que le estaban pidiendo… sintió algo cálido en el pecho.
Alguien quería que estuviera a su lado.
En un evento importante.
En un lugar de honor.
No sabía por qué… pero se sintió vista.
Valorada.
Un poquito especial.
Y sin saber qué más decir, solo murmuró:
—¿Y… si acepto… estarían contentos?
Ambos hermanos la miraron.
Por razones completamente distintas…
los dos respondieron que sí.
Lucian respiró hondo, tratando de controlar su molestia por la forma descarada en que Draegor invitaba a Nyxara. Se acercó un poco más a la cama, su expresión suave pero seria.
—Yo digo… —comenzó, mirando primero a Nyxara y luego a su hermano mayor— que Natasha debería elegir con quién quiere ir.
Draegor levantó una ceja, divertido.
—Oh, qué democrático de tu parte, hermanito.
Lucian ignoró el comentario.
—Puedes escoger a cualquiera de los tres —continuó con una sonrisa amable dirigida solo a ella—. A Draegor, a mí… —hizo una pequeña pausa, apenas perceptible— o incluso a Kael. Aunque creo que Kael se negaría rotundamente.
Nyxara alzó la mirada de inmediato al escuchar el nombre prohibido.
Se le apretó el pecho sin saber por qué.
Kael…
Su enojo aún le pesaba en el corazón.
Draegor rió bajo.
—Kael en una gala… sí, eso sería algo digno de ver. Se moriría antes de ponerse ropa elegante.
Lucian le lanzó una mirada de advertencia.
—El punto —retomó con paciencia— es que no tienes que decidir ahora, Natasha. Aún queda una semana.
Tómate tu tiempo.
Nyxara apretó las sábanas entre sus dedos, nerviosa pero tocada por la consideración.
—¿De verdad… puedo elegir yo? —preguntó con voz bajita, como si temiera que no fuera cierto.
Lucian asintió con dulzura.
—Claro que sí. Tú decides.
Draegor añadió con una sonrisa traviesa:
—Y quien elijas, madame, será el hombre más afortunado del castillo.
Nyxara sintió un rubor cálido recorrerle las mejillas otra vez.
No entendía por qué su corazón latía tan fuerte.
No entendía por qué había un nombre que no podía borrarse de su mente… aunque sabía que él nunca la invitaría.
Pero por ahora…
solo murmuró:
—Entonces… lo pensaré.
Lucian sonrió con alivio.
Draegor sonrió con malicia dulce.
Como ya era tarde, los hermanos Solvard se despidieron de Nyxara uno a uno.
Draegor, con una reverencia exagerada y un guiño encantador.
Lucian, con una sonrisa cálida y una caricia leve en el hombro que intentaba transmitir tranquilidad.
Y aunque Kael no estuvo presente… su sombra, su voz, su mirada, seguían rondando en la mente de Nyxara.
Cuando la puerta se cerró y el silencio llenó la habitación, Nyxara se quedó sentada en la cama, abrazándose las piernas bajo las mantas. La luz de la vela parpadeaba suavemente, proyectando sombras que danzaban sobre las paredes de piedra.
La gala…
Elegir…
Tres hermanos tan distintos…
—¿Por qué es tan importante que vaya? —murmuró al aire.
No entendía las costumbres humanas.
No entendía por qué un evento social requería invitación.
Ni por qué debía elegir a alguien para acompañarla.
Pero más que eso…
no entendía por qué el corazón le latía diferente cuando pensaba en cada uno de ellos.
✦ Draegor
El encantador.
El galante.
El que parecía saber exactamente qué decir para hacerla sonrojar, aunque ella no entendiera por qué.
Con él se sentía… divertida, confundida, como si el mundo fuera un juego al que aún no aprendía a jugar.
✦ Lucian
El amable.
El paciente.
El que le explicaba el mundo con una voz suave que la hacía sentirse segura.
Pensar en él le producía un calor cálido en el pecho, como si estuviera siendo cuidada.
✦ Kael
El duro.
El inexplicable.
El que la miraba con frialdad… pero también con otra cosa que ella no comprendía.
Al recordarlo, algo dentro de ella se agitaba: temor, curiosidad… y un dolor extraño cuando él no estaba cerca.
—¿Por qué me siento así…? —susurró, llevando una mano a su pecho.
Elin había dicho que algunos sentimientos humanos eran complejos.
Demasiado complejos para describirse con palabras.
Y mientras Nyxara trataba de entender por qué los tres hermanos ocupaban su mente de formas tan distintas, el cansancio del día finalmente cayó sobre ella como una manta suave.
Sus pensamientos se mezclaron, sus ojos se cerraron lentamente…
La gala.
Lucian riendo con ella.
Draegor besándole la mano.
Kael dándose la vuelta con furia contenida.
Tres imágenes, tres sensaciones, tres latidos diferentes.
Y así, abrumada pero extrañamente tranquila, Nyxara se quedó dormida…