La madre de los tres la vio llegar y sonrió como solo una mujer sabia podría sonreír.
Sabía que este momento sería decisivo.
Sabía que el destino estaba moviendo sus piezas.
Y sabía que, para cada uno de sus hijos…
Nyxara acababa de convertirse en algo irremplazable.
Cuando Nyxara llegó al último escalón…
La gala entera estaba de pie.
En silencio.
Y los tres hermanos Solvard estaban frente a ella.
Lucian con una sonrisa asombrada.
Draegor con un brillo seductor y vulnerable.
Kael…
Kael, con una mirada que parecía fuego contenido.
Y Nyxara…
no supo a quién mirar primero.
Nyxara dio el último paso y llegó al suelo firme del salón.
Por un instante, todo se quedó suspendido en un silencio reverente.
Entonces, como si hubiera recuperado la voz después de un impacto en el pecho, Draegor dio un paso adelante.
Con su porte impecable, capa bordada y el cabello perfectamente acomodado, parecía más príncipe que nunca.
Colocó una mano sobre su pecho, se inclinó con elegancia teatral…
Y sonrió.
Esa sonrisa suya que podría derribar murallas.
—Mi lady Natasha… —su voz resonó suave, grave, segura— nunca pensé que este reino pudiera crear algo tan hermoso… hasta que la vi bajar esas escaleras.
Un murmullo suave se escapó entre los invitados.
Lucian hizo una mueca.
Kael apretó la mandíbula.
Lady Nymera sonrió, divertida.
Pero Draegor no apartó los ojos de ella, hipnotizado.
—Debo decirlo sin vergüenza —continuó, con la mano aún en el pecho—: esta noche, ninguna estrella brilla tanto como usted.
Nyxara abrió los ojos sorprendida.
No estaba acostumbrada a palabras tan… intensas.
Su rostro se sonrojó, suave como luz.
—Draegor… yo… gracias… —susurró, sin saber cómo responder a tanta galantería.
Draegor sonrió aún más, como si esas palabras fueran un premio.
—No me agradezca aún, mi lady —dijo con un guiño encantador— apenas empieza la noche… y me temo que voy a competir por ganar su atención.
Lucian bufó.
Kael entrecerró los ojos peligrosamente.
Pero Draegor solo se enderezó, orgulloso, dándole espacio a los demás.
—Bienvenida a la gala, Natasha —añadió, con voz suave, casi íntima—. Estoy seguro de que esta noche será inolvidable… para todos nosotros.
Se hizo a un lado, permitiendo que Lucian o Kael dieran el siguiente paso.
Nyxara tragó saliva.
La noche apenas comenzaba…
y ya estaba temblando.
Apenas Draegor terminó su elegante presentación y dio un paso atrás, Lucian se movió hacia adelante.
No con teatralidad…
No con arrogancia…
Sino con una timidez tan genuina que contrastaba con su hermano mayor.
Su capa azul oscuro se agitó un poco mientras se acercaba, y sus dedos juguetearon con un pequeño cristal que siempre llevaba consigo cuando estaba nervioso.
Cuando estuvo frente a Nyxara… simplemente se quedó sin aire.
—N… Natasha… —murmuró, y su voz se quebró un poco.
Nyxara lo miró, curiosa.
Los ojos de Lucian brillaban, literalmente, con una luz suave.
La magia dentro de él reaccionaba a sus emociones, y estas… estaban fuera de control.
Respiró hondo, intentando recomponerse.
—Es que… yo… —trató de hablar, pero luego se rió de sí mismo—. Lo siento, no soy tan elegante como Draegor, pero…
Alzó la vista y la vio bien.
El vestido dorado.
El cabello blanco recogido con peinetas brillantes.
El collar que parecía luz viva.
La forma en que cada movimiento la hacía parecer un destello de luna.
Lucian sintió el corazón apretarse en el pecho.
—Te ves… —tragó saliva, sintiendo las mejillas arder— te ves como…
Nyxara inclinó un poco la cabeza, esperando.
Él sonrió, sincero, vulnerable.
—Como si hubieras salido de un sueño muy, muy bonito —dijo finalmente.
Nyxara sintió un estremecimiento cálido.
—Lucian… gracias. —Su voz era suave, honesta—. Tú siempre eres tan dulce conmigo.
Él se ruborizó todavía más, como si estuviera a punto de derretirse.
—Es que… tú inspiras eso, Natasha —confesó mirando sus pies—. Y… si te hace sentir mejor… yo estaré contigo esta noche para lo que necesites. No importa si no escogiste a ninguno. Yo… yo igual quiero que disfrutes la gala.
Una magia tenue salió de la piedra que sostenía sin que él se diera cuenta, flotando como un pequeño brillo alrededor de ambos.
Nyxara sonrió, encantada.
Lucian se dio cuenta y la apagó rápidamente, avergonzado.
—¡Perdón! Es que… cuando me pongo nervioso… —dijo frotándose la nuca.
Nyxara soltó una pequeña risa, dulce y ligera.
—Lucian… —susurró— me alegra que estés aquí.
Esas palabras bastaron para que él sintiera que la gala ya valía la pena.
Lucian se hizo a un lado, dándole espacio al siguiente.
Pero antes de retirarse, murmuró para sí, tan bajo que solo la magia del aire lo escuchó:
—Ojalá… pudiera ser yo quien te hiciera sonreír toda la noche…
Nyxara sintió algo en el pecho.
Lucian se había ganado un lugar ahí, aunque ella no lo supiera aún.