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952 Words
Mientras Lucian retrocedía, todavía ruborizado, Kael no se movió al principio. Estaba rígido. Tenso. Como si avanzar hacia ella fuera un peligro para él mismo. Su mirada fija en Nyxara, tan intensa que podría haber cortado diamante. Él no se impresionaba fácilmente. No por magia. No por realeza. No por belleza. Pero Nyxara… Nyxara lo había dejado sin aire. Draegor lo notó. Lucian también. Lady Nymera sonrió como si lo hubiera previsto desde el inicio. Finalmente, Kael dio un solo paso. El salón entero pareció escucharlo. Otro paso. Los invitados se hicieron a un lado sin que él lo pidiera. Y cuando quedó frente a ella… Nyxara levantó la mirada, nerviosa, sintiendo que su corazón se apretaba como nunca antes. Kael la observó, bajando los ojos lentamente desde su cabello hasta el vestido dorado. No dijo nada. Solo respiró hondo. Como si le costara. Como si le doliera. Como si estuviera viendo algo que temía desear. Al fin habló, con la voz más baja, ronca y contenida que Nyxara jamás le había escuchado. —Estás… —hizo una pausa, tragando saliva, desviando la mirada por un segundo antes de obligarse a verla nuevamente— …estás hermosa, Nyxara. El nombre real que él no sabía que significaba tanto para ella. Nyxara sintió que las piernas le temblaban. Kael apretó los puños, tratando de mantener el control. —Demasiado hermosa —añadió sin querer, casi en un murmullo que solo ella escuchó. Nyxara abrió los ojos sorprendida. Él frunció el ceño al darse cuenta de que había dicho eso en voz alta. —No… no quería decirlo así —gruñó, desviando la mirada, incómodo pero incapaz de apartarse de ella—. Solo… te ves bien. Muy bien. Nyxara dio un paso más cerca, pequeña, suave. —Gracias… Kael. Él inhaló bruscamente. Como si esa cercanía lo incendiara. Como si ella fuera un rayo a punto de caerle encima. Draegor observaba con una sonrisa torcida. Lucian con un dejo de tristeza dulce. Lord Solvard con curiosidad. Lady Nymera… con absoluta satisfacción. Kael dio un paso hacia un lado, pero antes de hacerlo, murmuró: —Mantente cerca esta noche. —Sus ojos azules ardieron un segundo—. No quiero… perderte de vista. Nyxara sintió un latido fuerte en el pecho. Kael se apartó bruscamente, como si estar demasiado cerca la hiciera peligrosa. Pero todos lo notaron. Y Nyxara lo sintió. Él también estaba ardiendo. La gala avanzaba con música suave, risas y copas brindando. Nyxara, sentada junto a Lady Nymera, intentaba seguir el ambiente, aunque su corazón estaba demasiado acelerado desde que Kael la había visto. Un sirviente le ofreció una copa de vino. —No, gracias… —dijo tímidamente. Lady Nymera sonrió y tomó la copa por ella, dejándola sobre la mesa para más tarde. Pero antes de que Nyxara pudiera respirar, algo cambió en el aire. Una mujer se acercó a Kael. Alta. Esbelta. De cabello castaño en una trenza larga que caía hasta la cintura. Con una armadura ceremonial de placas negras y plateadas que marcaban su rango de guerrera élite. Era hermosa. Fuerte. Segura. Y Kael… le sonrió. Una sonrisa leve, pero real. Nyxara sintió un pinchazo en el pecho. Uno que no sabía nombrar. La mujer tocó su antebrazo con confianza mientras hablaban. Nyxara no podía escuchar las palabras, pero podía ver algo que la hizo tensar los dedos sobre su regazo: Kael no apartaba la mirada de ella. Una cosa pequeña, pero suficiente para que algo cálido y doloroso subiera por su garganta. Draegor, que estaba saludando a unos nobles cercanos, volteó… y la vio. La expresión de Nyxara. La rigidez de sus hombros. La mirada clavada en Kael. Y sonrió de lado, un brillo astuto en los ojos. Se acercó con elegancia, tomando una copa del camino sin ni siquiera verla. —Salud, mi hermosa lady Natasha —dijo con esa voz suya suave, peligrosa, encantadora. Nyxara parpadeó, volviendo a él. —Draegor… yo… la gala está muy… bonita. Él se agachó un poco para quedar a su altura, como quien protege un secreto. —Mmm… ya veo por qué tu mirada estaba tan perdida —murmuró. Nyxara frunció leve el ceño. —¿Qué quieres decir? Draegor sonrió más. —Que ya viste a Kael con Yllena. —¿Yllena? —repitió Nyxara, sintiendo un nudo extraño en el estómago. —Sí, Yllena Varendor —respondió Draegor con falsa despreocupación—. Una guerrera muy respetada… y muy cercana a nosotros. Nyxara tragó saliva. Draegor continuó: —Kael y ella se conocen desde hace años. Han entrenado juntos, luchado juntos… —miró a Nyxara con picardía—. Se ven bien juntos, ¿no crees? Fuertes. Compatibles. El corazón de Nyxara dio un vuelco doloroso. No sabía por qué. No sabía qué significaba ese sentimiento. Solo sabía que no le gustaba ver a Kael con esa mujer. Y Draegor lo notó. Por supuesto que lo notó. Se enderezó, suavizando la sonrisa en algo más amable. —No te preocupes, mi lady —murmuró, inclinándose hacia ella—. Las apariencias engañan. Y Kael… —sus ojos brillaron con diversión y certeza— …Kael nunca había mirado a nadie como te mira a ti. Nyxara abrió los ojos, sorprendida. —¿C… cómo me mira? Draegor soltó una suave risa. —Como si fueras un relámpago a punto de partirle el mundo en dos. Nyxara se quedó sin palabras. Pero antes de que pudiera responder, Lucian apareció, pálido, preocupado por algo en la expresión de Nyxara. Y Kael… Kael todavía hablaba con Yllena. Sin saber que Nyxara lo miraba. Sin saber que algo en ella se había despertado. Un sentimiento nuevo. Doloroso. Peligrossssso.
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