Kael bufó con fuerza, sin soltar su brazo.
—Eres una niña tonta y desorientada —soltó con dureza, como si necesitara lastimar para protegerse de lo que sentía.
Nyxara bajó la mirada, sus pecas se oscurecieron con la sombra de la tristeza.
Pero Kael no la soltó.
No podía.
Sin decir nada más, empezó a caminar en dirección al jardín, arrastrando suavemente a Nyxara con él. Su agarre ya no era tan fuerte, pero tampoco la dejaba ir. Aunque ella avanzaba por decisión propia, el contacto entre ambos los mantenía unidos por un hilo extraño.
El ambiente se volvió raro.
Tenso.
Suave.
Cargado de algo que ninguno de los dos sabía nombrar.
Kael caminaba rápido, como si quisiera huir… y al mismo tiempo quedarse.
Nyxara lo seguía, confundida.
No entendía nada.
Él acababa de llamarla tonta.
Pero no la había dejado sola.
Y eso… eso le provocaba un hormigueo desconocido en el pecho.
—¿Por qué… me llevas contigo? —preguntó ella en voz baja, mirando la punta de sus zapatos mientras caminaban.
Kael apretó la mandíbula.
Su ceño fruncido era una mezcla de irritación y desesperación silenciosa.
—Porque… —se detuvo un momento, buscando palabras que no encontraba— …si te pierdes por el castillo otra vez, vas a aparecer en lugares donde no deberías.
Era una excusa barata.
Lo sabía él.
Lo sabía el viento.
Lo sabía el universo entero.
Pero Nyxara no.
Ella levantó la vista hacia él, con esos ojos grandes y sinceros que lo desarmaban sin que él lo aceptara.
—¿Te… preocupaste por mí? —preguntó con esa inocencia pura que lo hacía temblar por dentro.
Kael la soltó de golpe, como si su piel lo hubiera quemado.
—¡No! —casi gritó, demasiado rápido—. No me preocupo por ti. Solo no quiero que mis soldados se distraigan.
Nyxara dio un paso atrás, sorprendida por su reacción.
Kael respiró fuerte, intentando recuperar el control.
El corazón le golpeaba el pecho como si hubiera corrido tres batallas seguidas.
¿Por qué preguntaba así?
¿Por qué lo miraba así?
¿Por qué DIABLOS él había ido tras ella?
Llegaron al jardín.
La brisa suave movió las flores.
La luz filtrada entre los árboles se posaba sobre Nyxara dándole un aire aún más etéreo.
Kael apartó la mirada, sintiendo que algo dentro de él se rendía un poco.
—Quédate aquí —ordenó, aunque su voz sonó menos firme de lo que quiso—. Es… más seguro.
Nyxara inclinó la cabeza, sin comprenderlo del todo… pero sintiendo una calidez inexplicable.
Kael se giró para irse…
pero sus pasos no avanzaron de inmediato.
Hubo un instante —un solo latido—
en que pensó en decir algo más.
Algo que no debía.
Algo que no sabía expresar.
Pero al final, solo murmuró:
—No vuelvas a mirar a mis soldados así.
Y se marchó, dejando a Nyxara entre flores…
y a su propio corazón en guerra.
Nyxara se quedó allí, inmóvil, viendo cómo Kael se alejaba entre los árboles del jardín. Su figura alta, su caminar firme, su espalda ancha… todo desapareció poco a poco bajo la luz de la mañana.
Cuando ya no pudo verlo, sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.
Su corazón latía rápido.
Demasiado rápido.
Llevó una mano a su pecho, alarmada por un instante.
—¿Me… enfermé otra vez? —susurró, confundida.
Pero no era la sensación febril del día anterior.
No era dolor.
No era debilidad.
Era otra cosa.
Algo cálido.
Algo extraño.
Algo que se movía dentro de ella cada vez que Kael la miraba… o le hablaba… incluso cuando la regañaba.
Trató de sacudir la cabeza, de alejar esos pensamientos que no comprendía.
No entiendo nada…
Para distraerse, se adentró en el jardín. El aire olía a flores dulces y tierra húmeda. Las hojas se movían con el viento, produciendo un sonido que la tranquilizaba. Caminó entre arbustos llenos de capullos, rosas abiertas y pequeños árboles frutales que brillaban con gotas de rocío.
Pero por más que intentara perderse en la belleza del jardín, su mente no le obedecía.
La imagen de los tres hermanos apareció con fuerza.
✦ Draegor
Con su sonrisa encantadora y sus gestos elegantes.
La forma en que besó su mano…
Eso la había confundido muchísimo.
Era como si mostrara interés, pero también… jugara con ella.
✦ Lucian
Con su ternura constante.
Su paciencia.
La manera en que se preocupaba por su bienestar, por sus estudios, por su comodidad.
Estar cerca de él se sentía como un abrazo cálido.
✦ Kael
Kael…
El que no la había invitado.
El que siempre la regañaba.
El que la hacía enojar, temblar, encogerse… y sin embargo, también hacía que su corazón corriera como si quisiera escapar de su pecho.
¿Por qué él?
¿Por qué esa sensación?
¿Por qué verlo entrenar había sido tan…?
Se llevó ambas manos al rostro, avergonzada incluso consigo misma.
—Debo elegir a uno para la gala… —susurró—. Pero… ¿a quién?
Kael ni siquiera me ha invitado…
Su voz tembló un poco.
Nyxara caminó más profundo en el jardín, casi escondiéndose entre los árboles, tratando de entender lo que sentía.
Pero la verdad era simple:
No entendía nada.
Ni por qué debía elegir.
Ni por qué su pecho dolía cuando pensaba en uno más que en los otros.
Ni por qué los tres la miraban como si ella fuera importante.
Suspiró, perdida entre flores.
—¿Qué… voy a hacer?
El viento no respondió.
Las flores tampoco.