Nyxara no podía dejar de mirar.
Yllena se movía con una seguridad impecable: la forma en que levantaba la copa, la postura recta, la elegancia feroz de una guerrera que sabía exactamente quién era.
Reía suavemente en compañía de Kael, y Kael…
Kael también reía.
No mucho, no exagerado.
Pero lo suficiente para que a Nyxara le temblara algo dentro del pecho.
Un sentimiento extraño.
Nuevo.
Incómodo.
No sabía nombrarlo, pero sabía que dolía.
Mientras observaba, sus dedos tocaron la copa de vino que le habían dejado antes.
Al principio no tenía intención de tomarla…
pero ver a Kael inclinarse hacia Yllena, escuchar su risa grave, ver la forma en que aquella mujer tocaba su brazo…
Algo en Nyxara se quebró un poco.
Sin pensarlo, llevó la copa a los labios.
El vino era dulce.
Caliente.
Podía sentir cómo bajaba por su garganta como un hilo de fuego suave que la relajaba… y al mismo tiempo la hacía sentir ligera.
Un cosquilleo subió por sus mejillas.
Su pecho se aflojó.
Sus pensamientos se volvieron más atrevidos.
Más impulsivos.
—Mmm… —susurró, mirando la copa— esto… sabe… bonito.
Ese pequeño calor se extendió por todo su cuerpo, como si su sangre vibrara.
Como si el vino liberara algo que siempre había tenido adentro pero que nunca había sentido:
Valentía.
Y un poquito de descaro.
Terminó la copa sin darse cuenta.
Justo en ese momento, las trompetas sonaron.
El maestro de ceremonias anunció:
—¡Inicia el primer baile de la gala!
Nyxara dio un pequeño respingo.
Su mirada volvió a Kael… que ahora estaba escuchando a Yllena con atención.
Nyxara frunció el ceño.
Pequeño.
Suave.
Pero muy visible.
Algo que Draegor notó desde lejos y disfrutó mucho.
Nyxara no sabía qué significaba ese gesto, pero el vino sí lo sabía.
El vino la empujó a sentir.
A enojarse un poquito.
A querer algo.
A querer la atención de Kael.
Justo entonces, alguien se acercó apresuradamente.
Lucian.
Con su expresión suave, nerviosa, dulce…
pero esta vez más seguro, quizá por la emoción del momento.
Extendió su mano hacia ella.
—Na… Natasha… —tragó saliva, juntando valor— ¿quieres bailar conmigo?
Nyxara lo miró.
Y por primera vez, impulsada por el calor del vino, sonrió con una mezcla de ternura… y desafío.
—Sí, Lucian —dijo levantándose—. Vamos a bailar.
Lucian se puso rojo como una manzana madura, pero feliz.
Draegor alzó una ceja, divertido.
Lady Nymera ocultó una sonrisa detrás de su copa.
Y Kael…
Kael giró la cabeza justo a tiempo para ver algo que hizo que se le helara la sangre:
Nyxara tomando la mano de Lucian.
Y sonriendo.
Kael frunció el ceño con tanta fuerza que podría haber partido una piedra.
Mientras Nyxara se dejaba llevar a la pista, ligera por el vino, valiente por los celos…
Kael sintió por primera vez…
que estaba a punto de perder algo que jamás admitió que quería.
La música comenzó suave, envolviendo el salón con una melodía cálida y elegante.
Cuerdas, flautas, un ritmo lento que invitaba a acercarse.
Lucian tomó la mano de Nyxara con delicadeza, casi con miedo de romper algo precioso.
—¿Estás segura? —preguntó en un susurro nervioso.
Nyxara, con las mejillas sonrojadas por el vino, asintió.
—Sí, Lucian… quiero bailar.
Sus palabras hicieron que a Lucian se le aflojara el alma.
Él deslizó su mano hacia su cintura con torpeza adorable, y Nyxara apoyó la otra mano sobre su hombro.
En cuanto se movieron, Nyxara sintió el calor suave de la magia de Lucian: una brisa ligera que los rodeó como si el aire también quisiera bailar con ellos.
Ella dio un paso…
y casi pisa el pie de Lucian.
—¡Ah! Lo siento —se cubrió la boca, riendo bajito.
Él rió también, sonrojado hasta las orejas.
—No pasa nada… yo tampoco soy muy bueno en estas cosas.
Nyxara apoyó un poco más su cuerpo en él, impulsada por el vino y por un sentimiento nuevo que la hacía sentir ligera, flotante.
—Pues… lo estás haciendo bien, Lucian —susurró.
Lucian sintió que su corazón explotaba de felicidad.
Apretó un poquito más su mano (solo un poquito, porque todavía le daba miedo romperla) y la guiaba con movimientos suaves, respetuosos.
A su alrededor, los invitados comenzaron a mirar.
La biblioteca.
Las tardes juntos.
Las risas.
La forma en que Lucian había sido la primera persona en hacerla sentir bienvenida.
Todo eso se reflejaba en ese baile sencillo y tierno.
Nyxara levantó la vista y encontró los ojos azules de Lucian brillando como magia viva.
—Lucian… —susurró, inclinándose más hacia él— me alegra bailar contigo.
Lucian tragó saliva.
—A mí… más —confesó, con una sinceridad que se escapó antes de que pudiera pensarla.
La música los envolvía, y la magia alrededor de Lucian brilló apenas, como un halo dorado.
Nyxara sonrió, encantada.
Se veían hermosos.
Suaves.
Como una escena sacada de un cuento.
Pero no para todos.
Al otro lado del salón, Kael se detuvo a medio movimiento cuando vio a Nyxara tomar la mano de Lucian.
Y ahora, viéndolos bailar…
Su mandíbula se tensó tanto que un músculo saltó en su mejilla.
Sus manos se cerraron en puño.
Yllena estaba a su lado, hablándole de estrategias de patrullaje, pero Kael no escuchaba nada.
Porque:
Lucian tenía la mano en la cintura de Nyxara.
Nyxara se reía.
Y ella estaba apoyando la cabeza un poco más cerca de su hombro de lo que debía.
Un fuego empezó a arderle en el pecho.
Yllena lo notó y entrecerró los ojos, confundida.
—Kael… ¿estás bien?
—Perfecto —gruñó sin mirar a Yllena siquiera.
Pero no estaba perfecto.
Estaba ardiendo.
Nyxara lo vio en un giro del baile.
Y su corazón dio un brinco.
La mirada de Kael era fuego.
Un fuego que quemó la distancia entre ellos y la dejó sin aire.
Nyxara perdió el paso un momento.
Lucian la sostuvo suavemente.
—Con cuidado… —sonrió— estás un poco calentita, Natasha.
Nyxara rió.
El vino la hacía valiente.
Demasiado valiente.
En el siguiente giro, volvió a cruzar mirada con Kael.
Y el aire se volvió electricidad.
La música se suavizó hasta detenerse.
Lucian se inclinó respetuosamente.
—Gracias por este baile —dijo con el rostro completamente rojo.
Nyxara sonrió, más confiada y cálida que nunca.
—Gracias a ti, Lucian —susurró.
Pero antes de que él pudiera decir algo más…
Una sombra fuerte, imponente, y con una presencia que hacía temblar el piso se acercó.
Kael.
Con el rostro tenso.
La mirada afilada.
El pecho aún ardiendo.
Y dijo, con voz baja, grave y muy peligrosa:
—Natasha.
Quiero hablar contigo.
Lucian dio un paso atrás.
Nyxara sintió que el corazón se le subía a la garganta.
El vino.
El baile.
Los celos.
Todo estaba a punto de estallar.