43

1410 Words
La modista estaba ajustando los últimos pliegues del vestido cuando la puerta se abrió suavemente. Lady Nymera entró con paso tranquilo, como siempre… Pero al ver a Nyxara, se detuvo en seco. Por un instante, olvidó incluso respirar. Nyxara estaba de pie, envuelta en dorado y blanco, iluminada por la luz que entraba del balcón. El vestido abrazaba su figura con la gracia de algo vivo, y su cabello blanco caía como hilos de luna, brillando sobre el oro suave de la tela. Era un cuadro perfecto. Un momento suspendido en el tiempo. —Por los dioses… —susurró Lady Nymera con un temblor de emoción en la voz—. Mi niña… te ves hermosa. Nyxara bajó la mirada, tímida, sonrojándose un poco. —¿De verdad?… Yo… no estoy segura de cómo debería verme… Lady Nymera se acercó, tomó delicadamente sus manos y la miró de arriba abajo con una mezcla de orgullo, ternura… y algo de reverencia. —No solo hermosa —corrigió suavemente—. Te ves como una diosa, Natasha. Nyxara abrió los ojos, sorprendida. La modista sonrió satisfecha. Elin se enrojeció de felicidad por ella. Lady Nymera dio un paso atrás para admirarla mejor. —Ese vestido… —murmuró con voz baja, casi como si hablara consigo misma— no parece hecho por manos humanas. Te envuelve como si te conociera… como si supiera quién eres realmente. Nyxara sintió un escalofrío extraño en la espalda. Como si una parte antigua de ella… hubiera despertado para escuchar esas palabras. Lady Nymera sonrió otra vez. —Solo faltan los accesorios —dijo con entusiasmo cálido—. Un vestido tan perfecto no estará completo sin ellos. Se giró hacia Elin. —Elin, querida, ve al joyero real y elige piezas que combinen con este vestido. Algo que resalte la luz en su piel… y sus ojos. Elin asintió emocionada y salió casi corriendo. Nyxara miró sus manos, luego a la reina. —Lady Nymera… no sé si… merezco todo esto. La reina tomó su rostro con suavidad. —Mi niña, mereces esto y más —respondió con esa voz maternal que solo ella tenía—. Desde que llegaste, has llenado este castillo de una luz que no sabíamos que faltaba. Este vestido… solo muestra lo que tú ya eres. Nyxara sintió cómo el pecho se le apretaba con un calor profundo. —Gracias… —susurró. Lady Nymera besó su frente con cariño. —Prepárate, hija. La gala será tu noche… de una forma que aún no comprendes. Y Nyxara… aún no sabía cuánto cambiaría su destino. Después de la visita de Lady Nymera, Nyxara volvió a sentarse en su cama para descansar. Elin la ayudó a quitarse el vestido dorado con extremo cuidado, como si estuviera sosteniendo luz líquida entre las manos. Lo colgaron cerca del tocador, y aun sin estar en su cuerpo, el vestido parecía brillar por sí solo. Pasó un rato tranquilo. Hasta que la puerta se abrió con un golpecito suave. —Mi lady… —entró Elin cargando varias cajas largas y planas—. Traje lo que pidió Lady Nymera. Estos son los accesorios que usaría para la gala. Nyxara se incorporó un poco, curiosa. Elin colocó las cajas sobre la cama una por una: Marfil blanco pulido. Maderas nobles talladas. Estuches forrados en terciopelo azul oscuro. Y uno dorado con delicadas runas grabadas. Elin abrió la primera caja. Nyxara contuvo el aliento. Dentro había un juego de peinetas para el cabello, delicadísimas, hechas con filigrana dorada y pequeñas incrustaciones de cristal claro que parecían relámpagos atrapados en piedra. —Son para recoger parte de su cabello hacia atrás —explicó Elin, casi emocionada—. Se verían hermosas sobre su cabello blanco. Luego abrió otra caja. Un collar. Una cadena fina de oro pálido, casi blanco, con un colgante en forma de gota iluminada desde dentro, como si guardara un rayo miniatura. Nyxara lo tocó con los dedos… y la piedra vibró levemente. —¿Eso… es normal? —preguntó, confundida. Elin rió suavemente. —Mi lady… usted es especial. Nada en usted es normal. Quizás… el collar lo sabe. Abrió otra caja. Pulseras. Tres brazaletes finos, casi translúcidos, que parecían hechos con luz de luna solidificada. —Se verán preciosos en sus muñecas —dijo Elin mientras se los mostraba—. Son de una artesana del norte. Dicen que bendicen a quien las usa. Nyxara parpadeó, sorprendida. —¿Bendecir? —Tal vez son solo historias… —sonrió Elin—. Pero creo que a usted sí la bendicen. Luego abrió otra caja. Anillos. Delicados, hechos de oro blanco y dorado, con diseños de hojas y pequeños relámpagos tallados. Algunos tenían perlas pequeñas, otros cristales suaves. Nyxara jamás había visto algo tan hermoso. Por último, Elin abrió la caja más pequeña. Aretes. Eran largos, finos, con cadenas diminutas que parecían rayos de luz deslizándose hacia abajo. Al moverlos, tintineaban como campanas lejanas. Nyxara se llevó una mano al pecho. —Elin… son hermosos. Todos ellos. No sé si… si realmente debería usar algo tan precioso. Elin tomó sus manos, cálida y firme. —Mi lady… —susurró— usted ilumina este castillo. No hay joya que le quede grande. Todo esto… solo está acompañando su luz. Nyxara bajó la mirada, tímida, pero con una sonrisa suave que iluminó su rostro. Elin cerró las cajas con cuidado. —Cuando llegue el día de la gala, mi lady… brillará más que cualquier luz en esa sala. Y todos lo sabrán. La noche antes de la gala, la familia Solvard se reunió en el comedor principal. Las lámparas iluminaban la mesa larga, llena de platillos delicados. Todo parecía en calma… Pero debajo de esa calma, había una tensión suave, como electricidad en el aire. Nyxara estaba sentada entre Lady Nymera y Lucian. Draegor la observaba con una sonrisa encantadora desde el otro lado de la mesa. Kael, como siempre, comía en silencio, su postura rígida, su mirada baja… pero atento a cada gesto de ella. Cuando todos terminaron el plato principal, Lady Nymera dejó su copa con elegancia y sonrió con aire maternal. —Bien, mi niña —dijo con voz suave pero lo suficientemente alta para que todos la escucharan—. Mañana es la gala. ¿Ya has escogido con quién deseas ir? La sala se quedó en silencio. Lucian levantó la vista rápidamente, expectante. Draegor sonrió más ampliamente, acomodándose el cabello como si ya supiera la respuesta. Kael apretó los cubiertos con tanta fuerza que casi los dobló. Nyxara sintió la garganta seca. Su corazón latía… pero no por el que la familia pensaba. Solo un nombre lo agitaba. Un nombre que la hacía sentir encendida y nerviosa: Kael. Pero no podía decirlo. Si decía a uno… lastimaría a los otros dos. Y ella no quería causar dolor. No quería dividir a los hermanos. No quería romper algo tan hermoso como la unión entre ellos. Entonces respiró hondo. El silencio ya pesaba como plomo cuando por fin habló: —No… —dijo con voz suave pero clara—. No quiero escoger a ninguno. Los tres hermanos la miraron al mismo tiempo. Lady Nymera parpadeó, sorprendida. —¿No… quieres ir con ninguno? —repitió, suavizando el tono. Nyxara bajó la mirada a sus manos. —No quiero hacerle daño a nadie. —Sus dedos temblaron un poco—. No quiero que ninguno piense que prefiero al otro. Son… importantes para mí. Todos. Lucian la miró con tristeza. Draegor frunció el ceño, como si hubiera recibido un golpe al orgullo. Kael se quedó inmóvil… pero sus ojos, aunque bajos, brillaban con un destello que nadie notó. Excepto ella. Lady Nymera entendió y sonrió con ternura. —Mi niña… —dijo suavemente— no tienes que preocuparte por eso. Pero respeto tu decisión. Lord Solvard intervino con voz profunda: —Entonces, irás como invitada especial de la familia Solvard. —La mirada del patriarca fue amable—. Nadie podrá reclamarte nada. Lucian sonrió con alivio. Draegor suspiró con resignación encantadora. Kael siguió en silencio… pero algo en su postura se relajó. Nyxara levantó la vista. Y por un momento, sus ojos se cruzaron con los de Kael. Un segundo breve. Silencioso. Íntimo. Su corazón latió tan fuerte que creyó que todos lo escucharían. Kael desvió la mirada enseguida. Pero el rubor leve en sus mejillas… no pasó desapercibido para Lady Nymera.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD