La noche había pasado de maneras muy diferentes en el castillo Solvard.
Para algunos, fue un descanso tranquilo.
Para otros… especialmente Kael y Nyxara… fue un torbellino silencioso que no los dejó dormir.
Cuando el sol comenzó a teñir de oro las cortinas de la habitación, Elin entró con una sonrisa suave y una bandeja con telas frescas y cepillos.
—Buenos días, mi lady Natasha. ¿Cómo descansó?
Nyxara apenas la escuchó.
Aún tenía esa presión en el pecho.
Un eco de la preocupación que la había consumido la noche anterior.
Elin comenzó a seleccionar un vestido ligero en tonos crema y verde, perfecto para el día, mientras Nyxara permanecía en silencio, sentada en la orilla de la cama.
Finalmente, incapaz de resistir más, murmuró:
—Elin… ¿Kael… está bien?
La doncella levantó la mirada, sorprendida pero no juzgadora.
Había servido en esa casa por muchos años.
Sabía leer emociones incluso cuando los nobles no querían admitirlas.
Y Nyxara… tenía las emociones pintadas en los ojos.
Con una sonrisa cálida, Elin respondió:
—Sí, mi lady. Está muy bien.
—¿Seguro? —preguntó Nyxara con un hilo de voz.
Elin asintió con firmeza.
—Mi lord Kael es el mejor guerrero del reino. Ha regresado con apenas unos rasguños. No tiene nada de qué preocuparse. De hecho…
Se inclinó un poco, en un tono más confidencial.
—Ya está entrenando con sus hombres desde temprano. Como siempre.
Nyxara dejó escapar un suspiro de alivio tan profundo que Elin no pudo evitar sonreír con ternura.
—Lo sabía… —susurró Nyxara, sin darse cuenta de que sus palabras sonaban más íntimas de lo que pretendía.
Elin la observó un momento mientras cepillaba su largo cabello blanco.
—¿Desea… verlo, mi lady? —preguntó con suavidad.
Nyxara se sonrojó al instante.
—N-no… o sí… no sé —balbuceó, bajando la mirada.
Elin sonrió aún más.
—Es normal preocuparse por alguien que te importa.
Nyxara abrió los ojos, confundida.
—¿Importar…? ¿Eso es esto que siento?
Elin asintió.
—Sí. Eso mismo.
Nyxara llevó una mano a su pecho, donde su corazón latía con más fuerza de lo que quería admitir.
No dijo nada más.
Pero su silencio lo dijo todo.
Nyxara bajó las escaleras lentamente, aún sintiendo un leve cosquilleo en el pecho cada vez que pensaba en Kael.
El comedor principal estaba lleno de luz, las ventanas abiertas dejaban entrar la brisa fresca de la mañana. La mesa larga ya estaba servida y los Solvard, como siempre, se veían impecables.
Lady Nymera fue la primera en verla.
—Buenos días, linda —dijo con una sonrisa maternal que iluminaba toda la habitación—. Espero que hayas descansado bien anoche, a pesar de… todo el ruido.
Nyxara se sonrojó un poco y bajó la mirada.
—Dormí… lo suficiente —respondió con voz suave.
Antes de que pudiera decir algo más, Draegor apoyó un codo en la mesa, con una sonrisa felina pintada en el rostro.
—Por supuesto que descansó bien, madre —dijo con tono melodioso—. Yo la consolé cuando estaba asustada… ¿verdad, Natasha?
Todos volvieron la mirada hacia Nyxara.
Ella, nerviosa y sin querer contradecir a nadie, simplemente asintió con timidez.
Lucian frunció el ceño.
No porque no creyera la historia…
sino porque veía perfectamente lo que Draegor estaba haciendo.
Lady Nymera mantuvo su sonrisa, aunque le dirigió a Draegor una mirada de advertencia silenciosa.
Lord Solvard, que tomaba café, levantó una ceja con calma, sabiendo que sus hijos estaban compitiendo sin siquiera disimularlo.
—Hijo, no exageres —murmuró Nymera, pero sin dureza.
Draegor se llevó una mano al pecho, fingiendo inocencia.
—Madre, solo estoy diciendo la verdad. Natasha estaba realmente preocupada… y yo solo hice lo que haría cualquier caballero.
Lucian no pudo evitar intervenir.
—No confundas la preocupación con otra cosa, Draegor —dijo con tono suave pero firme—. Natasha solo estaba asustada por el ataque.
Draegor sonrió más ampliamente.
—Ah, ¿pero por quién estaba preocupada exactamente?
Nyxara abrió los ojos, confundida y apenada.
—Y-Yo… no…
Lucian sintió la incomodidad de ella y, con delicadeza, cambió de tema.
—Natasha, ¿quieres jugo? —preguntó con una sonrisa tranquila, como si nada hubiera pasado.
Ella asintió, agradecida por la distracción.
Mientras le servía el jugo, Lucian lanzó a Draegor una mirada fulminante.
Draegor solo se encogió de hombros, encantado de la reacción.
Y en medio de todo esto…
Kael era el único que faltaba.
Su ausencia se sentía como un hueco en la mesa.
Nyxara miró hacia la puerta un instante, como si esperara que él apareciera…
pero nadie más llegó.
Lady Nymera observó ese gesto con una sabiduría suave.
El desayuno transcurrió con suavidad, aunque con tensión silenciosa entre los hermanos.
Nyxara comió despacio, sin realmente sentir el sabor de la fruta.
Su mirada volvía una y otra vez hacia la puerta, esperando ver entrar a Kael…
pero él no apareció.
Lucian lo notó.
Lucian notaba absolutamente todo cuando se trataba de ella.
Cuando terminaron de desayunar y los sirvientes comenzaron a retirar las fuentes, Lucian se levantó de la mesa con una sonrisa tranquila.
—Natasha —dijo acercándose a ella—, ¿te gustaría venir conmigo al jardín? Leí un libro nuevo que creo que te encantará. Podríamos seguir practicando… si quieres.
Nyxara levantó la mirada, y sus ojos se suavizaron.
La presencia de Lucian siempre le traía paz.
Calma.
Un respiro dulce entre tantas emociones extrañas.
—Sí —respondió con una sonrisa leve—. Me gustaría mucho.
Lucian extendió una mano para guiarla, sin tocarla, solo ofreciéndose con cortesía genuina.
Nyxara se levantó y ambos salieron del comedor, dejando atrás a Draegor —que los miraba con un gesto frustrado y divertido a la vez— y a Lady Nymera, que observaba la escena con un suspiro maternal.