Los pasillos estaban iluminados con la luz suave de la mañana.
Lucian caminaba junto a Nyxara, sin acelerar, ajustando su paso al de ella.
—Dormiste poco, ¿verdad? —le preguntó con voz suave, sin presionarla.
Nyxara bajó la mirada.
—S-Sí… no podía dejar de pensar en… todo.
Lucian asintió, como si entendiera de más.
—Es normal sentir miedo por un ataque tan repentino. Nadie habría dormido del todo bien.
Nyxara no quiso contradecirlo.
No quiso admitir que su miedo no era por el ataque…
sino por Kael.
Llegaron al jardín.
El sol se filtraba entre los árboles, creando manchas doradas en la hierba.
El quiosco seguía allí, tranquilo, casi esperando su regreso.
Lucian sonrió con dulzura.
—Ven, sentemos aquí. El clima está perfecto hoy.
Nyxara asintió y se acomodó en uno de los asientos, mientras Lucian dejaba el libro sobre la mesa.
—¿Sabes? —dijo él mientras abría el tomo con cuidado— Me alegra mucho que estés aquí, Natasha. De verdad.
Nyxara lo miró sorprendida.
—¿Por qué?
Lucian sonrió, tímido pero sincero.
—Porque… llenas el castillo de algo distinto. Algo cálido. —Apartó la mirada, avergonzado—. Y me gusta que pasemos tiempo juntos.
Nyxara sintió un calor dulce en el pecho.
Lucian era tan amable… tan luminoso…
Mientras Lucian comenzaba a explicarle una nueva palabra del libro…
Nyxara miró hacia el jardín lejano.
Y por un instante juró ver una figura alta…
entrenando bajo el sol.
Kael.
Su corazón dio un salto.
Y sin querer, sin saber por qué, bajó la mirada rápidamente…
como si fuera culpable de sentirlo.
Lucian pasaba suavemente las páginas del libro, señalando algunas palabras que quería enseñarle, cuando Nyxara dejó de mirarlas.
Había algo en su pecho que seguía inquieto.
Algo que necesitaba preguntar… aunque no supiera por qué.
—Lucian… —dijo ella, con voz baja y suave.
Él levantó la mirada de inmediato, atento como siempre.
—¿Sí, Natasha?
Nyxara se mordió el labio con timidez.
—¿Y tú cómo estás… después de la batalla de anoche?
Lucian parpadeó, sorprendido de que ella preguntara por él.
Luego sonrió con esa dulzura tranquila que lo caracterizaba.
—Estoy bien —respondió con honestidad—. Un poco cansado… pero bien.
Nyxara asintió, pero su mirada se deslizó hacia el libro sin realmente verlo.
Lucian aprovechó ese instante para añadir:
—Kael es increíble, ¿sabes?
Nyxara levantó la mirada, sorprendida por la mención.
Lucian continuó sin rastro de envidia o amargura en su voz.
Solo admiración.
—Jamás dejaría que algo nos pasara. A ninguno de nosotros.
El corazón de Nyxara latió más fuerte.
Lucian siguió, apoyando un codo en la mesa mientras hacía girar ligeramente un pétalo caído.
—A veces es brusco… a veces parece que no siente nada… pero Kael siempre está allí. Siempre protege. Siempre se queda hasta el final.
Es su forma de cuidar.
Nyxara escuchó con atención, sus manos entrelazadas sobre su regazo.
—La explosión de luz que viste —dijo Lucian suavemente— fue mía, pero él me dio la señal exacta. Si no hubiera estado allí… si no nos hubiera guiado… no sé si todos hubiéramos regresado.
Nyxara sintió un nudo en el pecho.
—Es… fuerte —murmuró— y valiente.
Lucian sonrió.
—Sí. Mucho más de lo que deja ver.
Ella bajó la mirada, sus dedos apretándose entre sí.
—Yo… me preocupé mucho —susurró, casi inaudible.
Lucian inclinó un poco la cabeza para escucharla mejor.
Nyxara continuó, avergonzada:
—No sabía qué significaba sentir eso… que alguien estuviera en peligro y… que me doliera tanto.
Lucian la observó un segundo, y aunque su pecho se apretó con un sentimiento que no quería nombrar… sonrió con ternura.
—Eso se llama… cariño, Natasha —dijo con voz suave—. Preocuparse por alguien porque te importa.
Nyxara abrió ligeramente los ojos.
—¿Cariño…?
Lucian asintió, paciente.
—Y Kael… aunque nunca lo diga… también siente cosas. Más de las que muestra. Créeme.
Nyxara se quedó en silencio, mirando sus manos.
El viento le movió suavemente el cabello blanco.
Y su corazón…
se sintió aún más confundido y tibio.
Los días siguientes transcurrieron con una calma inesperada en el castillo Solvard.
Después del ataque y las emociones revueltas, la rutina volvió a instalarse poco a poco.
Nyxara comenzó a moverse por los pasillos con un paso más firme.
Ya no se perdía como al principio.
Ya no preguntaba a cada sirviente por direcciones ni terminaba accidentalmente en el ala de entrenamiento.
Cada día, después del desayuno, la veían deslizarse entre los corredores como una brisa blanca, siempre con la misma expresión curiosa… y un libro en manos.
Porque la biblioteca…
se había convertido en su refugio favorito.
Allí descubría mundos nuevos, palabras nuevas, historias que Lucian le ayudaba a descifrar con paciencia infinita.
Allí aprendió a leer su nombre humano con trazos algo torpes, pero llenos de orgullo.
Allí se sentía segura.
A veces Lucian la acompañaba.
A veces Draegor pasaba solo para molestar o admirar su concentración.
Y a veces…
Kael pasaba por el pasillo exterior, sin entrar, pero desacelerando apenas el paso cuando escuchaba su voz al otro lado de la puerta.
Nunca entraba.
Pero tampoco se alejaba del todo.
El castillo se había vuelto un hogar extraño, pero acogedor.