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987 Words
Elin ajustó la temperatura del agua y añadió unas gotas de esencia de flores antes de ayudar a Nyxara a entrar en la bañera. El calor la envolvió como un abrazo suave. Sus músculos temblorosos comenzaron a relajarse lentamente, aunque su corazón seguía latiendo demasiado rápido. Elin tomó el recipiente de agua perfumada y comenzó a lavar con cuidado el largo cabello blanco de Nyxara, dejándolo flotar como seda sobre la superficie. —Mi lady Natasha… —dijo con voz temblorosa pero amable—. Nos tenía a todos muy preocupados. Por favor, no vuelva a salir del castillo sin avisar. Nyxara bajó la mirada, mordiendo un poco su labio inferior. —No quería preocuparlos… —susurró—. Solo… quería leer. Elin suspiró con alivio y tristeza mezcladas. —Menos mal que mi lord Kael la encontró a tiempo. Si hubiera llegado un minuto tarde… —se detuvo, abarcando con una mirada preocupada todo lo que podría haber ocurrido— no quiero ni pensarlo. Nyxara se hundió un poco más en el agua, hasta que solo su nariz quedaba afuera. Elin sonrió al ver cómo de su boca salían burbujas pequeñas, como una niña avergonzada escondiéndose del mundo. —Mi lady… ¿está bien? —preguntó, al notar el fuerte rubor que le teñía las mejillas. Nyxara asintió lentamente, pero el agua burbujeó otra vez cuando soltó un pequeño suspiro. Porque no podía dejar de pensar en él. En Kael. En sus brazos fuertes rodeándola. En la manera desesperada en que la sostuvo como si fuera a desaparecer. En su olor a lluvia, acero y tierra. En la forma en que luchaba… feroz, imponente, salvaje. En la expresión de furia y miedo cuando la encontró. En su corazón golpeando contra su pecho mientras galopaban juntos. Recordarlo provocó otra burbuja en el agua. Elin rió suavemente. —Mi lady… parece que está pensando en alguien. Nyxara hundió la cara entera esta vez, solo para escapar de la pregunta. Cuando salió a la superficie, su rostro estaba más rojo que antes. Elin no insistió. Pero sonrió. Porque el brillo en los ojos de Nyxara… no era miedo. Era el comienzo de algo más profundo. Algo que ella aún no entendía. Algo que Kael tampoco sabía manejar. Y sin embargo, allí estaba: Un latido. Una chispa. Una tormenta pequeña empezando a formarse. Nyxara apoyó la frente en el borde de la bañera, sus mejillas ardiendo. —¿Por qué… late así mi corazón? —susurró tan bajo que Elin casi no la oyó. La doncella sonrió con ternura. —Porque, mi lady… —dijo mientras enjuagaba su cabello— algunas personas hacen que el corazón despierte. Nyxara se quedó en silencio. Pero sus mejillas no dejaron de arder. Nyxara salió del baño con la piel sonrosada por el calor y el cabello húmedo cayendo como seda blanca por su espalda. Elin le ayudó a ponerse su pijama de franela, suave y cálida, y luego la sentó frente al tocador para cepillarle el cabello con movimientos lentos, relajantes. La habitación estaba tranquila. Hasta que la puerta se abrió suavemente. —¿Puedo pasar, querida? Lady Nymera entró con la gracia tranquila de una reina, pero con los ojos llenos de preocupación maternal. Al ver a Nyxara sentada, seca, caliente y con vida, soltó un suspiro largo que había estado reteniendo desde hacía horas. —Oh, mi niña… —dijo con la mano en el pecho—. Nos tenías tan preocupados. Tan preocupados. Nyxara bajó la mirada, jugueteando con la manga de su pijama. —Lo siento… Lady Nymera se acercó y tomó sus manos con suavidad. —Nunca —continuó con una sonrisa dulce— había visto a Kael tan angustiado como hoy. Nyxara se puso roja al instante. Literalmente roja. Como si alguien hubiese encendido una vela bajo su piel. Elin tuvo que morderse la lengua para no reír. Lady Nymera, al ver ese sonrojo, escondió una sonrisa sabia. —¿Cómo te sientes, Natasha? ¿Tienes algún rasguño? ¿Algún golpe? Nyxara negó con suavidad. —No… estoy bien. Kael me salvó. La forma en que lo dijo. La suavidad. La vergüenza. La calidez en su voz. Fue suficiente para que Lady Nymera lo entendiera todo en un segundo. La reina sonrió de lado, muy suavemente, como una madre que acaba de descubrir un secreto hermoso. —Sí… —dijo con una mirada que brillaba de orgullo y diversión— Kael siempre salva a quienes ama. Nyxara parpadeó confundida. —¿Ama…? Lady Nymera acarició su mejilla con ternura. —Hija, Kael corrió hacia ti como si el mundo se fuera a terminar. No había tormenta ni monstruo capaz de detenerlo. Lo que sentiste en sus brazos… no fue casualidad. Nyxara abrió la boca, pero no encontró palabras. Su corazón estaba golpeando tan fuerte que Elin podía oírlo. Lady Nymera rió suavemente. —No te preocupes. No tienes que entenderlo todo hoy. Pero sí debes saber esto: Kael no es hombre de mostrar emociones. Y hoy… las mostró todas contigo. Nyxara se sonrojó hasta la orejas. —Y-yo… solo sé que… me sentía segura con él —susurró. Lady Nymera sonrió con una dulzura infinita. —Lo sé, querida. Y eso significa más de lo que imaginas. La reina se levantó, arreglando suavemente los mechones húmedos de su cabello. —Descansa. Ha sido un día difícil. Y mañana… será otro día importante. Nyxara asintió lentamente. Lady Nymera la besó en la frente, como una madre adoptiva que la había aceptado desde el primer día. —Buenas noches, mi niña. Y salió de la habitación, dejando detrás un silencio cálido, lleno de nuevas sensaciones que Nyxara no sabía nombrar. Elin siguió cepillando su cabello. —Mi lady… ¿está bien? Nyxara llevó una mano a su pecho. —No… —dijo con un suspiro dulce y tembloroso—. Pero creo que es un “no” bonito.
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