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1163 Words
Kael giró la cabeza apenas, sorprendido. Draegor sonrió como si ya lo supiera. Lucian miró a Nyxara con ternura alentadora. Lady Nymera simplemente observó con calma, sabiendo que esto era inevitable. Nyxara abrió los ojos con confusión. —¿I-invitada de honor…? —repitió con voz suave. —Así es, hija —respondió Lord Solvard con una calidez paternal que la hizo sentir, por primera vez, realmente parte de algo. Luego el ambiente cambió. Lord Solvard apoyó una mano en el respaldo del asiento, mirándola fijamente con una expresión que mezclaba sabiduría y suavidad. —Y he escuchado —dijo con un toque de humor discreto— que ya tienes… pretendientes para acompañarte. Nyxara se puso roja como una flor de primavera. Draegor sonrió con picardía. Lucian miró hacia otro lado, avergonzado. Kael endureció la expresión, como si aquello fuera un golpe inesperado que no sabía cómo esquivar. Lord Solvard continuó: —Mi querida Natasha, deseo que sepas que no hay presión alguna. Puedes elegir a quien tú quieras… y si no deseas elegir a ninguno, también es válido. La tranquilidad de su tono hizo que Nyxara respirara un poco mejor… pero la mirada intensa de Kael, apenas sostenida un par de segundos, volvió a revolverle el pecho. —Lo importante —siguió Lord Solvard— es que te sientas acompañada por alguien con quien estés cómoda… y que represente bien a nuestra familia. Una pausa. Un silencio cargado. Todos conteniendo la respiración sin quererlo. —Así que, Natasha —dijo con suavidad—, cuando tengas tu decisión… házmela saber a mí o a tu madre. Nyxara asintió, nerviosa pero agradecida. —Sí… lo haré. Lord Solvard sonrió satisfecho y se volvió hacia sus hijos. —Y ustedes tres… —los miró con severidad tranquila— compórtense. Ninguno de ustedes quiere que Aldrennor piense que somos un circo. Draegor sonrió como si fuera un halago. Lucian suspiró. Kael bufo, molesto porque todo aquello lo involucraba más de lo que quería admitir. Pero algo en su expresión… algo escondido… decía que no podía dejar de pensar en quién sería elegido. Y por qué le importaba tanto. Lord Solvard había terminado de hablar, y un silencio tenso flotaba en el quiosco. Nyxara bajó la mirada, nerviosa. Lucian respiraba hondo, como intentando mantener la calma. Kael cruzó los brazos, rígido, como si odiara estar allí… aunque sus ojos no dejaban de desviarse de Nyxara cada tanto. Fue entonces cuando Draegor, con una sonrisa que era mitad encanto y mitad travesura, decidió abrir la boca. —Padre, creo que Natasha tendrá que pensarlo muy bien… —dijo, mirando a Nyxara con picardía— después de todo, no todos aquí son… candidatos agradables para acompañarla. Lucian lo miró con advertencia. Lady Nymera lo fulminó con esos ojos maternales que decían cuidado. Pero Draegor siguió, encantado de provocar. —Por ejemplo, Natasha —se volvió hacia ella con gesto teatral—, si eliges a Lucian, tendrás a un hombre dulce, gentil, que te leerá poemas bajo la luna. Lucian enrojeció. —Draegor… —Y si me eliges a mí… —Draegor se llevó una mano al pecho, con sonrisa encantadora— bueno, tendrás el acompañante más elegante y diplomático del reino. Serás la envidia de todas. Nyxara sintió que su corazón golpeaba más rápido, sin saber por qué. Kael apretó los dientes. Draegor, sintiendo el aumento de tensión como un músico escucha el ritmo perfecto, dio el golpe final: —Y si, por alguna razón misteriosa del destino… eligieras a Kael… Se detuvo, miró a su hermano con una expresión inocente, casi angelical. —Bueno. Él sabe pelear muy bien —dijo, fingiendo pensarlo—. Aunque bailar… no sé si tenga idea de cómo mover los pies sin una espada en la mano. Lucian se cubrió la boca para evitar reír. Lady Nymera negó lentamente, resignada. Nyxara abrió los ojos sorprendida, imaginándose por un segundo a Kael bailando… lo cual le hizo sentir algo extraño en el pecho. Kael se tensó como si lo hubieran golpeado. —Cállate, Draegor —gruñó con un tono tan oscuro que varios pájaros se dispersaron del árbol cercano. Pero Draegor no había terminado. Sonrió con toda la malicia elegante que solo él sabía usar. —Además, Natasha, debes considerar otra cosa… —dijo con una inclinación ligera de cabeza—. Para acompañar a una dama, hace falta saber hablar con ella. Y ya sabemos que Kael apenas puede hablar sin gruñir. El quiosco estalló. Nyxara jadeó suavemente. Lucian soltó una risa breve. Lady Nymera suspiró con la mano en la frente. Y Kael… Kael dio un paso adelante como si estuviera a segundos de partir a Draegor en dos. —Estás buscando problemas —advirtió Kael con voz baja, peligrosa. Draegor sonrió aún más. —No, querido hermano. Solo digo la verdad. Al fin y al cabo… tenemos una dama aquí que debe elegir a uno de nosotros. Sus ojos se dirigieron a Nyxara. —Y yo quiero que tenga toda la información. Nyxara tragó saliva. Kael parecía contenerse con cada músculo de su cuerpo. Lucian observaba la escena con una mezcla de preocupación y… ¿competencia? Y Lady Nymera… Lady Nymera sonrió para sus adentros. Porque sabía perfectamente lo que estaba pasando. Draegor seguía sonriendo, disfrutando cada segundo del caos emocional que provocaba. Lucian fruncía el ceño entre preocupado y molesto. Nyxara no sabía qué hacer ni dónde mirar. Lady Nymera suspiraba como madre que ya esperaba drama. Lord Solvard observaba todo con serenidad pensativa. Y Kael… Kael estaba a punto de estallar. Sus ojos se volvieron hielo puro. Sus músculos se tensaron. El aire alrededor de él se sentía cargado, como una tormenta a punto de romper. Finalmente soltó un bufido feroz, frustrado, dolido, avergonzado y furioso, todo mezclado en un solo sonido. —Son estupideces —soltó Kael de golpe, evitando mirar a Nyxara porque sabía que si lo hacía perdería el control de su rostro—. No tengo tiempo para juegos infantiles. Draegor arqueó una ceja, divertido. Lucian murmuró algo como “siempre igual…” Kael ignoró a ambos. Se volvió hacia su padre con un movimiento brusco. —Padre, te espero en el estudio para revisar los avances del patrullaje. Hay asuntos más importantes que discutir. Su tono era de acero. Frío. Duro. Cortante. Y sin esperar respuesta, dio media vuelta y se alejó a grandes pasos, casi devorando el camino con la intensidad de su andar. No miró atrás. No miró a Nyxara. No miró a nadie. Pero la forma en que sus hombros estaban tensos, la rigidez de su cuello, el temblor leve en sus manos… todo gritaba que la conversación lo había afectado más de lo que podía admitir. Lady Nymera observó su espalda desaparecer entre los árboles. Lucian suspiró preocupado. Draegor se rió por lo bajo. Nyxara sintió un vacío extraño en el pecho. Lord Solvard simplemente dijo: —Kael… siempre corre de aquello que no sabe sentir.
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