Capítulo 3

2352 Words
La primera vez que fui al despacho de la directora no tuve que caminar; esta chasqueó los dedos y aparecimos en la habitación. Es en el lugar más alto en toda la torre; es oscuro, frío y sin vida. Los pasillos son extensos con piso de piedra gastada, las paredes llevan, igual que el túnel de la entrada, candelabros debajo de retratos de personas desconocidas; no hay ventanas ni luz natural. Caminamos por un corredor que terminaba en dos grandes puertas de madrea de arce. Entré; todo semejaba como la primera vez, sólo que ahora la directora estaba en su asiento atendida por dos doncellas jóvenes que le pintaban las uñas y le arreglaban el cabello añoso y blanco. -Pasa querida, no te haré nada-. Tomó una bolsa que había en el cajón derecho de su escritorio hecho en marfil. No le presté atención a lo que hacía y me fui a sentar en un sillón n***o frente a un piano de cola. -Señora directora, le comunicaré los actos incorrectos de cada demonio; también los de los ángeles, ya que su representante mucha atención no tuvo. -Jazmín, querida, yo no tuve acto alguno que registrar; ya que todos son ángeles-apareció Evan desde el balcón. -¿Y qué dices de tu grupo de hembras desesperadas persiguiéndote?; eso no es de un ser muy elevado- agrego mientras comienzo a interpretar la marcha turca de Mozart. -Me aman, y amar no es un pecado, es una bendición-, explicó. Se sentó en otra butaca y empezó a husmear cada partitura con una mueca de desagrado en su rostro-¿qué es lo que te impresiona de la música? -Si pero uno de los diez mandamientos dice:"No cometerás adulterio", y, hasta donde me enseñaron, lo que tú haces es obsceno y carece de recato o pudor- terminé de tocar la pieza y James buscaba en el diccionario que encontró, en una de las estanterías, palabras para tratar de contradecirme; o el significado de las que nombre-. Esas chiquillas no tenían recato, pudor o vergüenza alguna. Por cierto, ¿tú eres un ángel no?- asiente- entonces deberías saber el significado de la música y lo hermoso de esta, ya que la música representa a dios- me levanté y me dirigí a la directora- Margaret aquí lo tiene- le entrego el cuaderno donde están anotados todos los nombres y ella al revisarlo se lo entrega a una de las jóvenes que le atendían, susurro algo y la joven después de inclinarse en despedida salió. Me doy vuelta dirigiéndome; como la última vez, al balcón para saltar. Giro y encaro a Evan:- Amar es una bendición, pero no es fornicar cuando uno guste; el amor fue hecho para que uno se sienta acompañado, y la peor maldición que uno puede sufrir es no ser correspondido por otro par, pero como dices ser, tu eres la personificación del amor-le dije a Evan con superioridad cambiando de tema segundos antes de saltar. Caí, pero no es el pasto lo que pisé, es suelo, miré el paisaje y había mucha gente, humana, moviéndose cual robot de cuento decorando un salón de fiestas en el cuál se encuentran mesas con manteles de color perla: una vela grande, aromática y sin prender las decora; han puesto un escenario y una gran barra de hierro pulido en medio para la división de las castas. Mi padre se encontraba en medio del salón improvisado junto con dos guardias, me quise dirigir a este pero sus guardias me escoltaron. -¡Por segunda y última vez Jazmín, debes dejar de hablar con él!- me grito al llegar sin saludarme. Sus ojos echaban chispas, literalmente, y se le despeinaba el pelo todo el tiempo; no sabía cuál era su problema- dime ahora cuál es tu escusa. -Dijo algo muy incorrecto y le refuté su respuesta.- me desenganche del guardia que sostenía mi antebrazo-. ¡No sé qué problema tienes! -No me hable así señorita mimada-. Me señala. -¿No soy el único que piensa que es mimada?-apareció Evan en medio de la conversación poniendo su cabeza en medio de las nuestras, que ya se encontraban a centímetros de distancia. Papá y yo, sincronizados, le empujamos con fuerza. -No tienes por qué meterte en conversaciones ajenas- hablo mi padre-hablare con tú padre por eso; te debería de educar bien.- reí y me tapé la boca con una mano tratando que no se note, como una dama bien educada, lo que el entrometido no sabía. -Como si pudieras- se levantó del piso y trató de sacarse las arrugas invisibles de su traje celeste-no se pueden comunicar. -Tanto te falta aprender niño-hable yo, es obvio que se comunican, no muy seguido, pero alguna vez, por cuestiones importantes y de alto riesgo sí; no pueden estar tanto tiempo sin saber uno del otro. -Tengo mucha más edad que tú- se fue como niño ofendido de la estancia. Mire a padre que estaba muy pensativo, miraba a la nada. Se tiró en una silla de madera que se encontraba por ahí esparcida susurrando incoherencias. -Ya lo has visto, ¿ves con lo que estoy lidiando durante este día?-asintió sin prestar atención. -Pórtate bien y no hagas lío- me beso la sien y se fue junto con los dos guardias. Llegaron mis guardias y me llevaron a mi habitación. Las ventanas, tapadas por las cortinas, no dejaban entrar un solo rayo de luz, la habitación estaba oscura sin un alma presente, mis guardias cerraron las puertas con un ruido seco. Al estar en la intimidad de la alcoba me saque la capa que cubría mis hombros y los tacones, los tire por algún lugar de la habitación; descalza abrí las ventanas para que se ventile el cuarto, salí y camine alrededor de treinta pasos hasta llegar al barandal. Tranquilamente me pude haber puesto una bata de seda roja que me regalo papá, pero no se dio cuenta que es muy transparente en la sección de los pechos. Había una suave brisa cálida que movía el vestido y el pelo suelto. Se escucha un grazno de Odín, el cuervo de mi papá. Se posa en mi hombro. En su pata hay un papel enrollado y atado con una cinta negra. El cuervo sale de mi hombro y se posa en el barandal. Abro la carta: "Aléjate de Evan. Papá" Al terminar de leer el telegrama, entre a mi alcoba y la guarde en uno de los cajones de mi escritorio. Odín grazna y se va. Son aproximadamente las once de la noche y hoy es la fiesta de bienvenida. Mis doncellas me están vistiendo con otro vestido rojo, por suerte no es gigante y pesado del siglo XVIII, este es entallado con un corte en la parte inferior dejando ver pierna, llevo un escote Queen Ann, en la parte inferior del torso llevo encaje que deja ver mi ombligo; las mangas no son muy elaboradas, las muñecas son encampanadas y grandes que no dejan ver mis uñas pintadas en n***o con flores blancas como decoración; la espalda está totalmente descubierta. El vestido es de un diseñador reconocido del inframundo. Mi pelo está recogido en un rodete alto sin ningún adorno. Llevo una máscara roja y negra en conjunto con el vestido. Llegó Nathan con un traje n***o, máscara negra y espada; al igual que todos los hombres, para que al final de la noche -Señorita Jazmín- doblo su brazo para que yo metiera el mío para que me pueda agarrar- será la envidia de cada señorita, sea ángel o demonio.-empezamos a bajar por las gastadas escaleras de caracol y llegaron todos mis guardias, otra vez. -Usted siempre sabe que decir, ¿sabe cómo se vestirán todos los ángeles y las diablesas?-tenía la pequeña duda de cómo se verían todas las castas porque hoy estaba permitido usar todo tipo de colores y tonos no dándole importancia a la casta. -No, no sé nada. Llegamos a la carpa improvisada en el patio del instituto, alrededor de esta había miles de guardias y antorchas en el piso haciendo el papel de pasillo y camino. Los árboles están decorados con guirnaldas y habían soltado miles de luciérnagas haciendo que el lugar pareciera mágico. Recorrimos el pasillo y los guardias en armadura me abrieron las puertas de la carpa e hicieron una reverencia. Adentro es magnífico, a una esquina se encuentra el bufete gourmet, en el centro la pista, y en la parte del techo se encuentra la orquesta; se encuentran todos los compañeros vestidos de todo tipo de colores, no distinguía a nadie gracias a las máscaras; de estas hay de todo tipo. Repasaba toda la habitación mientras que Nathan me dejaba para posicionarse junto con mis guardias cerca de la mesa de comida. Al estar sola me fui a saludar a la directora. Ella se encontraba junto a varias mujeres contándose chismes falsos tratando de quedar bien. Al llegar no le hable ni la mire sino que me senté en un asiento vacío mientras me aburría, no tenía ningún libro para poder leer. A las dos horas el salón se empezó a llenar y empezaron a sonar varias baladas clásicas del siglo XIX. Los ojos se me empezaron a cerrar. -Madeimoselle ¿me permitiría esta balada?-alguien con un traje blanco y máscara negra me tendió la mano al decir aquello, me estaba por quedar dormida por lo que acepte sin mirar quien ni como era; me levantó bruscamente y chasqueo los dedos y empezó la orquesta a tocar un vals muy conocido, el "vals de las flores" compuesto por Tchaikovsky. Las miradas estaban puestas en nosotros mientras bailamos. Miraba a las mujeres y había envidia en ambos ojos y los hombre también, pero dirigida a con quien estoy bailando. -¿Por qué se encontraba tan sola señorita?-hablo el desconocido con una voz ronca que, reconocía; pero no se dé donde, dirigiéndonos a ambos al centro de la pista en el que nos habían dejado un espacio gigante. -Debe ser porque esta fiesta es muy aburrida y no había nadie que me sacara a bailar-confesé- ¿quién eres? -Querida, es una fiesta de máscaras, uno no debe saber con quién baila-me contestó con sarcasmo. -No me digas "querida"-respondí doblando un poco la cabeza y puse un puchero en mi rostro. -Bueno cuéntame cosas de ti- le pregunté y me contó que la música y la lectura le encanta, odia los triángulos amorosos y ama el espagueti con albóndigas. Y le conté que me encanta la natación, la música y la lectura y otras cosas más -... en diferencia tuya, me encantan los triángulos amorosos pero no los de la vida real-asintió aguantándose la risa; le golpee él hombro-no te rías, ah y mi comida favorita es el pollo con patatas fritas. El vals termina y empiezan a tocar la quinta sinfonía de Beethoven, no le prestó atención y los demás bailan de otro modo mientras nosotros seguimos con el mismo. -No creo que estemos en sintonía con el resto.-hablo y mi acompañante asiente con la cabeza. -¿Qué te parece si salimos de aquí?- me empieza a tirar del codo clavándome sus uñas mal cortadas. Trato de liberarme y busco por el salón a alguno de mis guardias para que me saquen de esta fiesta pero no veo a nadie por el montículo de gente bailando. Miro alarmada a mi acompañante tratando de soltarme. -Hermosa elección niña- esa voz la conozco, habla mi subconsciente. No puedo girarme porque me está agarrando del cuello y quien lo hace se quedó en shock y clava sus uñas aún más fuerte. -¿Quién eres?- habla este con desconfianza sin dejarme mover. -Tus padres no te han educado bien-al fin puedo darme la vuelta por que me suelta y se da la vuelta para correr y veo a mi padre de traje n***o con una máscara totalmente negra en sus manos, recién llega, me doy de vuelta y los guardias; míos y los del demonio están agarrando las manos y las piernas de mi acompañante. Le sacan la máscara y aparece ¡¿Ethan?!... Papá mira furioso a Ethan y le dice a Nathan en el oído algo Mi padre me saca de la carpa y el frío glacial golpea mi rostro pero no le doy importancia, mi papá me está mirando mal y eso intimida a cualquiera con pulso. -¿Me puedes decir que ha pasado ahí dentro?- -Nada, nada ha pasado; ya sabes las veces en las que me ha pasado lo mismo.- Levanto la cabeza y hago que no estoy temblando por dentro. -Usted no me puede hablar así, recuerda que aún tengo más poder que tú.- ordena y callo. -Mi señor; podríamos salir de este lugar.- Nathan aparece y luego de hablar dirigió su mirada hacia la carpa donde nos miraban todos expectantes. -Está bien- me agarra más fuerte del codo y me lleva hasta el ala este del castillo donde arriba nuestro se encuentra un balcón, el balcón de mi habitación, todo se encuentra oscuro dándole un aire terrorífico, pero ya estaba acostumbrada. Vivo en el infierno. Padre salta y me lleva con él. -Quiero que mañana estés sola.-Me mira y suelta el codo.- Le diré a Nathan que te acompañe durante todo el día y no te suelte.- chasquea los dedos y aparecen rejas alrededor de mi cama haciéndola parecer una cuna; en mi balcón aparecen pequeños dragones blancos, los más peligroso. Bien pensado. Papá me besa la frente. -Buenas noches, que duermas bien.- Me toma en sus brazos y me coloca en la semi-cuna y recorre su brazo por encima de este. -Foris non tangerent et tueri.- Al terminar de decirlo apareció un resplandor violáceo por un instante. Mi padre se alejó hacia el balcón donde los dragones empezaron a chillar tratando de llamar su atención, papá los acarició y fuera de mi balcón estaba un dragón rojo esperando por él. Papá tenía muchas mascotas. Se subió y se fue antes de que me quede dormida. ---- Foris non tangerent et tueri: fuera, protege y no permitas que toquen.
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