El día siguiente llegó y al mismo tiempo mi boda empezando exactamente al mediodía.
-Esta hermosa mi niña- Mabel, mi nana, me abraza tratando de no desarmar mi peinado pero mucho no duro ya que papá apareció en frente mío para tocar el hombro de Mabel; ella se da vuelta y mi padre me desarma el peinado haciendo que las modistas se acerquen con fijadores, peines, perfumes, aguja e hilo.
-Sacando de tema a las modistas metiches- estas hermosa y he venido a decirte que Nathan ya está en su lugar, es el momento-. Me tiende su brazo y lo tomo cuando la marcha nupcial comienza a sonar y las puertas negras se abren dando cuanta de la cantidad inmensa de personas levantadas esperando que comencemos a caminar; delante de mí, a varios metros está Nathan con una sonrisa que no puede ser correspondida por os nervios que me atormentan sin compasión, un sudor frío detrás de mi cuello y un poco más abajo me molesta.
Al llegar al altar mi padre le da mi mano a Nathan quien se queda quieto tomando firmemente mi mano. Luego mi padre se pone en medio de nosotros dos dando el típico discurso de amor eterno, respeto y fidelidad.
Nathan es el primero en decir acepto rápido sin duda y cuando me toca a mí abro la boca pero me es interrumpida por un golpe en el suelo y otro realmente de la misma intensidad; un terremoto.
-Es imposible- dice mi padre pero un mensajero se le acerca y le dice algo al oído-. No puede ser, hija dame tu mano-. Mi padre está enojado y le doy la izquierda- No, la otra- le doy la derecha y ve el regalo de Evan puesto delicadamente en mi mano; toca la flor pero la saca al instante, la yema de sus dedos esta blanca- Maldición, está benditamente orado- murmura pero es escuchado- ¿Quién te lo ha dado?- sus ojos son rojos pero no está enojado, tiene miedo.
-Evan, ayer-.
-Y te lo has puesto justo hoy- niega y suelta mi mano que tenía sujetada y se pasa la mano por su cara estresada- ¿Sabes lo que es esto?-
-Un regalo de boda- él asiente mientras se muerde el labio.
-Sí; la vuestra-.
-¿Qué? No te entiendo-. Me empiezo acercar lentamente a mi padre que trata de alejarme.
-Ya estas casada al ponerte esa joya, trata de sacártelo y no podrás hacer nada, se te incrustará en la piel y no saldrá con nada. Es una muestra de amor típica de los ángeles, una tradición que solo se da una vez en la eternidad y el terremoto que estas presenciando ahora son los ángeles que se interponen en esta boda.- me mira y con una señal llama a Ethan que aparece detrás de mí-. No dejaré que te alejen de mí; Ethan llévatela y protégela con tu vida que la de ella es más importante.
-Sí señor, Nathan acompáñame necesitaré un guardaespaldas-. Dice Ethan tomándome fuertemente del brazo.
-¡Déjennos entrar, tenemos derecho!- grita un Evan detrás de la puerta, y es lo último que escucho del griterío antes de que me empujen bruscamente de un balcón; pero no llego a tocar el piso porque una espalda caliente de mucho pelo se mete en medio de mi inminente muerte.
-"Sujétate fuertemente te sacaré de acá"- alguien dice en mi mente-.
-¡Quién es!-grito con miedo.
-"¿Tu qué crees?, tu mejor amigo; hazme caso es, orden de tu padre"- un golpe en el suelo vuelve a sonar y alzo la vista y una luz que en este lugar, el infierno, no se puede ver, la luz empieza a disminuir y una forma humana y escultural se hace presente.
-Suelta a mi esposa en este instante- Evan con armadura y espada enfrenta a un lobo de casi tres metros de largo.
-"Nunca"- gruñe mostrando los dientes.
-Pues lo siento. Lo harás- deja de mirar el lobo y dirige sus ojos electrizantes a mí que al verlos mi cuerpo trata de salir del lomo de quien me apresa- Flor, ven conmigo.
-¡No sé!- digo por primera vez en este tiempo.
-Te llevaré al cielo no te preocupes, estarás bien-. Dice y acepto. Con un chasquido veo todo blanco y caído en la inconsciencia.
-Tranquila, te protegeré-.