Capítulo 20

2558 Words
Llego a casa luego de entrar a un callejón oscuro y sin salida un portal se abrió en el que paso lentamente y llego al cielo donde había un montón de ángeles. Como nunca es de noche la luz está siempre presente. Con una llave dorada abro la puerta y entro, lo primero que hago es quitarme el delantal para ponerlo en el lavarropas junto a varias camisas, pantalones y polleras largas, lo enciendo luego de poner el jabón en polvo. Me pongo otra ropa y un nuevo delantal; lo único que pasa es que no sé qué cocinar. Cuando me desperté no sabía cocinar por lo que pase varios días con Josefina para que me enseñe algunos consejos. Me presto algunos libros de cocina que estoy revisando. Pero mi actividad se frena al momento en que el timbre característico de la casa suena. Me levanto de la silla de madera, cierro el libro gigante y al llegar a la puerta la abro, detrás no hay nadie pero en el suelo un pequeño sobre blanco sin remitente, me agacho y lo tomo en mis manos, tiene peso pero al solo tacto no se encuentra ningún relieve, cierro la puerta y abro el sobre por uno de los lados con un abre cartas. Con un poco de esfuerzo metiendo los dedos hasta encontrar un papel pero antes saco unas botas de lana pequeñas blancas con un lazo blanco decorativo; el papel tiene en el medio escritas con una letra prolija y delicada de color oro que dicen: "Felicidades, cuiden este alma que llega", miro las botas y un dolor de cabeza empieza a ser presente a los lados de mi cabeza. Mi espalda recta en una silla, mi cuerpo siendo presionado por un hechizo que me acomoda en el respaldo del gran asiento, un plato con comida, tres tenedores, cuchillos y cucharas, dos vasos a un costado y una mesa sin fin es lo único que tengo en vista. Mi nana está a un lado diciendo pautas de etiqueta. -Cuando termines de comer tendrás que aprender el idioma de los abanicos para esta nueva gala, quiero que consigas pretendiente y te cases-. Me dice mi nana con su acento característico- ¡derecha!- me recrimina la postura golpeando mi espalda con un pequeño palo de madera. -¡Nana, tengo solo nueve años! -Eso no influye en nada yo a los seis ya estaba comprometida y a los trece me casé. Tu padre necesita un heredero hombre rápido, las niñas no sirven de nada, solo tienes que traer al mundo bebes varones y tendrás una vida de paz y armonía- su tono es frío el que papá quiere que use en todo momento, somos de la realeza no tenemos que dejar entrever los sentimientos, según papá nos hace débiles y un blanco fácil. La cabeza taladra y los recuerdos aparecen frente a mis ojos como flashes me apoyo en la mesa a un lado del corredor pero caigo. Derecha con los hombros en sus puestos, el arco bien puesto en mis manos, la partitura en frente de mí y la profesora a un lado diciendo que hacer. -¡No pongas expresión! Mira la partitura que te desconcentras tus movimientos tienen que ser automáticos. Mis piernas comienzan a ser débiles y el dolor incrementa sin piedad, me muevo -Vamos tarde- me acerco a la puerta y ambos me muestran sus brazos para que me agarre de ellos, lo hago y nos encaminamos al gran salón. Cuando estamos a unos metros de las puertas cerradas se escucha el "Primavera de Antonio Vivaldi" los custodiadores de las puertas bañadas y talladas en oro nos las abren y entramos. La música no para pero baja el volumen y las parejas que antes bailaban ahora frenan y Evan se aparece en medio de la vista todo vestido de blanco, se ha sacado los lentes negros dejando ver por primera vez desde que he llegado esos ojos azules electrificantes heredados de su padre. -Señorita Jazmín- en modo de saludo inclina la cabeza- Como sabe, es costumbre de un baile en señal de paz en la escuela entre los más altos miembros de las dos castas- me ofrece la mano extendida- Me concedería esta pieza. -Acepto, pero solo por deber- lo último lo digo tan bajo que solamente él me escucha. Me agarro de su brazo y con delicadeza me aferra y me conduce hasta el centro de la pista donde varias parejas se han puesto en un círculo. Evan pone su mano derecha en mi cintura mientras yo en su hombro y juntamos ambos nuestras manos restantes mientras yo con tomo un poco de la falda dejando mis pies descalzos al descubierto. Se hace un silencio mientras la orquesta se acomoda en sus puestos y pone sus partituras frente suyo. Empieza como un leve arrullo a sonar "Danubio azul de Johann Strauss" las parejas, al igual que Evan y yo, nos empezamos a mover lentamente en un pequeño movimiento de pies hasta que incrementa la música y los volados de los coloridos vestidos comienzan a volar entre ellos hasta casi chocar, el vals es hermoso. -Hay que decir que ahora te entiendo, es hermosa la música, mi madre escucha esta pieza todos los días que puede-. Sonríe-, ¿tu madre que escucha?- pregunta y yo, aunque sigua bailando, me tenso en sus brazos y fríamente contesto: -No sé-. -¿Cómo qué no sabes?-inquiere y largo un suspiro. -Nací a los cinco meses de embarazo de mi madre y mi padre junto a Nathan fingieron su muerte junto a la mía; no sé porque te cuento esto.- -Pero, ¿ella sabe que tu padre es Lucifer?- niego con la cabeza mientras por el rabillo del ojo veo a Ethan bailando con Thalía al lado nuestro y Ethan mira con odio e inquietud a Evan. -Sí, todos los demonios somos híbridos, hijos de humanos y demonios, no hay forma de que juntos puedan procrear, han intentado de todas las formas posibles pero no se puede. -Entonces ¿por qué se les obliga a tener pareja?- -Si uno razona se da cuenta que los demonios no estamos, al igual que los ángeles o humanos acompañados de dios, sino que estamos solos y la soledad no es muy linda. Imagínate estar solo sin tener con quien hablar o con quien expresar uno sus sentimientos, es horrible; te lo digo por experiencia. -No lo sabía- no tenía ninguna expresión en su rostro, el solo me miraba intensamente todo el rostro. -Obviamente no, si no sabías que tu padre y mi padre se comunican como lo ibas a saber, y en sí ningún ángel en este salón sabe ello.- sonríe de lado y me sigue mirando- podrías dejar de mirarme así, da escalofríos- Evan ensancha más la sonrisa que ahora le parte el rostro al medio. -¿Quién diría que Turandot sentiría escalofríos?- - ¿Turandot?- -Sí, la princesa de hielo que no encuentra el amor. -No sabía que supieras de óperas-. Río y el también mientras Ethan y Nathan que están ubicados cerca nuestro tienen una mueca de desagrado. El vals termina y retiro las manos de donde estaban y aplaudo junto con los demás bailarines. Evan se inclina y besa mi mano durante una fracción de segundo. -Me ha encantado este baile, espero que se repita. -Yo no lo creo- me doy vuelta y Evan dirige la mirada al rostro de Ethan que ha dejado abandonada a Thalía que me mira despectivamente con una copa de vino n***o en su mano. -Bueno vamos ahora, que con esta noticia prefiero estar en mi alcoba que estar frente tuyo- digo y con las manos levanto ligeramente la falda para empezar a caminar sin tropezarme, subo las escaleras marmoleadas hasta la segunda planta donde luego de unos pasos, a la derecha una puerta negra se muestra imponente ante el resto de sus compañeras de piso, empujo y entro, me siento en el asiento de cuero frente al escritorio y espero a que llegue mi padre. Aproximadamente diez minutos después entra mi padre seguido por Ethan y Nathan; estos últimos se quedan de pie mientras mi padre se sienta en el asiento giratorio de cuero. -Como sabes, Ethan, has pasado miles de pruebas por lo que te quitare las pruebas de categorización-Ethan sonríe y se yergue- Pero, como Thalía a muerto y ella era la pareja que te estaba destinada tendrás que hacer la prueba de parejas- se gira en mi dirección- tu, como eres mi hija tienes el privilegio de no hacer ni una prueba-quise interrumpirle- sí, sé que te han entregado un número, pero recuerda que al ser de la realeza uno tiene que disimular, lo bueno o lo malo-. Se calla y empieza a caminar en dirección a Nathan, toma su mano y-llegando al punto; tampoco tendrás que dar la de parejas por lo que ya he decidido con quien, ustedes, Nathan y vos, serán pareja. Nathan abre la boca y la deja ahí, inmutado mientras que yo con un chirrido del asiento al c******e me levanto, poso las manos en el escritorio de roble para apoyarme. -Con permiso iré a mi habitación- sin esperar respuesta alguna, una inclinación en forma de saludo, levanto mínimamente el vestido y salgo del despacho. Al ver que nadie me sigue salgo corriendo hasta mi habitación en la segunda planta. El caso de la muerte de Thalía no se resolvió y al pasar las semanas y la obvia necesidad de que continúe el curso escolar por lo que estoy en la habitación del instituto mirando por la ventana como los estudiantes bajas de las carrozas o de sus caballos. Durante estas últimas semanas he estado escapándome de mi padre, hablando cada rato con mi madre y hablando poco y nada con Nathan. A Ethan no lo he visto salvo en las cenas y cuando hemos vuelto. Se ven a los estudiantes reuniéndose con sus estudiantes. Al estar aburrida me voy del cuarto a caminar, empiezo a bajar los escalones que tantas veces he bajado cuando se escuchan ruidos por debajo, no quiero alarmarme pero al no tener un guardia cerca porque lo he pedido específicamente, bajo rápidamente tomando de mi vestido. Me dirijo a la parte inferior de las escaleras cuando me encuentro a Evan y a una mujer de su sequito besándose fogosamente pegados a la pared. -Como honras el título de ángel, me sorprende y me maravilla- me llevo dramáticamente una de mis manos a la mejilla- tendré que hablar con tu padre para que te enseñe a comportarte ¿O quieres que llame a mi padre? Él tiene grandes y eficaces métodos. Evan se separa de la cosa que deshonra el título de mujer portándose como una prostituta en plena calle, le dice algo al oído y en respuesta la cosa suelta una ricilla y se va sin despedirse. Al irse Evan se pasa la manga de su chaqueta blanca por la boca borrándose el pintalabios rosa pálido de sus labios y me mira con rencor y furia demostrándolo en cada una de las palabras que suelta a continuación: -Me he enterado de tu compromiso con Nathan, me da pena él, no sabe qué clase de vida le espera al lado de una niñita desvergonzada y entrometida como vos. -Evan se me acerca y apega más su cuerpo al mío, sintiendo el temblor de mi anticipación en su cuerpo sobre él -.Seréis su perdición y su tragedia como lo fue Julieta a Romeo- escupe esas palabras sin pelos en la lengua. > Mi voz interna me aconsejaba con rabia, la misma que se fue enrollando lentamente casi imperceptible por mi cuerpo como la víbora de la cual proviene el símbolo de mi padre y antes de que continuara con sus agrias predicciones mis labios cortaron el sello que las lágrimas amenazaban y mirándolo a los ojos mientras alzaba mi mentón con todo el orgullo que pude hallar. -No sintáis pena por mi prometido, Nathan no estará solo, él estará conmigo para toda la eternidad, porque cuidare de él, lo amaré hasta que uno de los dos muera manteniéndome a su lado como su reina, su mayor apoyo y su confidente, le daré la felicidad que se merece mientras él me dará el calor de un ser querido a mi lado, me dará lo mejor de mi vida, mi destino como mujer, pero vos ¿Quién estará con vos? ¿Quién vivirá a vuestro lado toda la eternidad? ¿Quién os amará tanto como para aguantaros? ¿Quién os velará en las noches largas de vuestro gran palacio? ¿En el amparo de vuestra soledad? ¿En vuestra gran cama? ¿Cuál desdichada mujer os amará para toda la eternidad y más allá? Evan me suelta y da unos pasos hacia atrás como le hubiera clavado la más ardiente y venenosa espada en su pecho. Al calmarme hago desaparecer las alas y el vestido rojo que habían aparecido dejándome solo un corsé y una mirada roja que según las reacciones de Evan esta era fría. Mágicamente aparecen los guardias que se habían quedado mirando desde la parte superior de la escalera, me cubren con una capa y me quieren tomar pero con un movimiento brusco me suelto. -Ahora, con permiso como me han arruinado la tarde y este sujeto no habla me iré a mi alcoba-. Chasqueo los dedos y con un suave murmuro digo cubiculum cuando aparezco en mi cuarto con todo ya armado y en medio están Natasha, Elena y Anastasia tendiendo la cama, en una esquina, cerca de la puerta del baño esta Odette jugando con un ratón de juguete blanco. Me dirijo a Odette, la tomo en mis brazos mientras no me presta atención. hace algunos años, antes de que ambos, tú y Evan nacieran, se ejecutó una profecía que hablaba sobre herederos de dos bandos enemistados desde tiempos inmemoriales que se enamorarían uno del otro aunque sean polos opuestos y sus corazones no lo desearan, al cumplir veinte años el más joven una guerra ya esperada y predicha tiempo atrás se alzará y destruirá todo lo que en tierra y mundos pisa; tal como está dicho era la profecía, nosotros creíamos que trataba sobre mortales ya que pelean a muerte cada día y mueren miles de inocentes. No nos habíamos preocupado, que estúpidos fuimos, pero al nacer James; su padre, el arcángel Miguel, se empezó a preocupar pensando que podría tener yo una hija o alguno de los demás demonios. Y como sabes dos meses después recibí la noticia que iba a ser padre. - Soy la hija de Lucifer- le susurré. Y veo n***o, espero no estar embarazada.
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