—¿Qué carajos? —gritó Alenka cuando la sangre entró a su boca. Alguien le había disparado al hombre con el que cogía. La sangre salpicó su cuerpo, entró a su boca y llenó su rostro. La cabeza del hombre cayó sobre su pecho desnudo, seguido de los gritos de las mujeres que huyeron cuando los disparos resonaron para ahuyentarlos a todos. Alenka estaba en shock. No entendía lo que sucedía. Su mente sabía que debía reaccionar si era un ataque enemigo, sin embargo, cuando el hombre que decapitó a su amante esa noche la miró a través del pasamontaña oscuro y le arrojó una chaqueta militar negra para que se la colocara, Alenka le giró el brazo. Su madre la entrenó para protegerse llegado ese momento, y no actuaría como una chiquilla rebelde cuando su obligación era usar esa misma espada contra é

