—No puede salir —dijo Rayner—. Órdenes de su padre. Alenka golpeó la puerta sin cesar, desarreglando su cabello y comportándose como la chiquilla que Adkik decía que era. —Soy la princesa de esta puta mafia, y me tienen como una princesa. —Alenka pateó la puerta como una experta—. ¡Encerrada! Rayner estaba cansado de los gritos de la chica. Era peor de lo que decían de ella. No solo era altanera, berrinchuda y una maldita niña insensible, sino que no acataba las órdenes del Volk. Adkik jamás le dijo que cuidar de su princesa sería tan complicado. Alenka era la peor persona bajo ese techo. No solo era insolente, sino que no lo trataba como él lo hacía, y realmente no importaba, a él no le pagaban por ser bueno con ella ni para que Alenka lo adorara, pero considerando que su prima estaba

