P.O.V Tomás No recuerdo haber sentido tanto miedo en mi vida. Ni siquiera en medio de un tiroteo, ni cuando me apuntaron a la cabeza en aquella emboscada en Serbia. Nada, absolutamente nada, se compara a lo que sentí al verla caer al suelo frente a mí. —¡Melissa! —grité, más fuerte de lo que nunca pensé que mi garganta pudiera gritar. Su cuerpo se desplomó como si le hubieran robado el alma de un solo golpe. Apenas me dio tiempo de sostenerla antes de que su cabeza golpeara el piso. Estaba helada, su rostro completamente pálido. No respondía. Solo respiraba con dificultad, como si el aire se negara a entrar en sus pulmones. Corrí. No sé cómo manejé. No sé cómo esquivé el tráfico, los semáforos, los bocinazos. Todo era una mancha borrosa. Solo recuerdo su cabeza sobre mis piernas, mis

