12. Recordando el hielo. Katarina. La vida nunca había sido tan solitaria como ahora. Y tan desesperante. No saber qué pasará con mi vida es una agonía lenta y casi infinita, más aún si estoy encerrada en esta casa que siento que quiere tragarme entera. El personal no habla conmigo, ni siquiera Talya, así que cada hora, cada minuto, cada segundo se alargan más de lo que deberían. Igor, entre todos, parece ser el mejor. Un pequeño rayo de luz en medio de la penumbra. Es enorme e intimidante, pero sospecho que de buen corazón —lo más bueno que se le pueda llamar a un asesino—, y me permite salir al jardín trasero. Con guardias custodiando el terreno y una manilla con rastreador en mi muñeca, sí… pero me permite salir. Y allí es donde hago mi primer amigo. Es de cuatro patas, de

