Siento cómo la caricia se desliza en medio de mi columna vertebral erizándome la piel. Estoy acostada de lado, estoy abrazando la almohada debajo de mi cabeza y no quiero levantarme. Quiero dormir hasta que ya no pueda más, pero esa deliciosa caricia dada con la punta del dedo me está sacando de mi estado de adormecimiento. No necesito abrir los ojos para saber de quién se trata, no necesito preguntarle que está sucediendo porque lo sé muy bien. Él me está tentando, él me está seduciendo sutilmente para hacerme caer y lo más loco de todo esto, es que yo quiero caer. Yo quiero ver hasta donde es capaz de llegar solo porque no tengo ánimos para discutir tan temprano con él. Anoche me dormí sumamente cabreada. Anoche era una antorcha humana echando fuego por todo mi cuerpo y no de la excita

