Con cuidado de que la caja no se me caiga, le doy dos toques a la puerta y vuelvo a sostenerla. El capuchino está un poco caliente, así le gusta a ella, aunque creo que exageré con la cantidad de galletas, pero estoy segura de que los dos sobrinos que me dio hace diez años se las comerán en un abrir y cerrar de ojos. También mi querido cuñado. Sostengo con fuerza en espera a que abra la puerta. Esta vez, no le anuncié que vendría, así que espero que sea ella la que me abra la puerta y no Will. Sería muy raro llorarle a él y no a mi amiga. la puerta se abre y de inmediato le muestro una sonrisa a pesar de que ella no puede ocultar el asombro en sus ojos grises al ver el estado en que la imponente Hera West, se encuentra. He llorado en todo el camino sin dejar de comer galletas, que de se

