Bajo del jet sin mirar atrás. Aún no amanece, falta una hora para que salga el sol. Miro a mi bella Doja abrazándose a sí misma debido a la brisa fría y le sonrío. Es la única que por los momentos sabe que volvimos a la ciudad. No me atreví a llamar a mis padres, mucho menos comentárselo a mis hermanos y le pedí a Stephan lo mismo. Si Doja está aquí, a esta hora, es como mi asistente, aunque no la trato como tal, agradezco que también sea mi amiga y no se niegue. —Gracias por venir —le digo, dándole un fuerte abrazo al estar frente a ella—. No te imaginas cuanto aprecio tu apoyo. —Me tienes sumamente preocupada, Hera —murmura, apresurara, comenzando a tocarme como si fuese una niña y no su amiga o su jefa—. ¿Ya no sientes el hormigueo en la cabeza? —niego—. ¿Manos? ¿Piernas? Sostengo s

