No me pierdo cada uno de sus gestos, de su mirada de corderito mientras responde a cada pregunta que mi hermano le hace. Son preguntas de rutina, algunas más capciosas que otras, pero nada fuera de lo normal. Es lo que un doctor preguntaría mientras hojea el diagnóstico impreso. Mi hermanito, mi lindo, amargado y perfecto hermanito, no vino solo. Zeus es cirujano, uno de los mejores de la ciudad, pero no es neurólogo, mucho menos loquero y es esa la razón por la cual ha venido acompañado, pero es quien lleva la batuta en esa conversación. Mi sonrisa fue real al verlo y el regocijo que sentí al ver la cara de Michell cuando los vio pasar por la puerta también. Hace más de veinte minutos, estaba en esta habitación el neurólogo que Stephan solicitó cuando llegamos. Le hizo nuevamente un che

