Sus labios... Por todos los sagrados Dioses. La gloria de poder probarlos al fin es indescriptible. Me consume, me devora, me diluye como llamas ardientes de pasión abrasadora, me sostiene y al mismo tiempo me lleva al borde de la cordura... Al límite de mi control. Mi corazón se siente liviano y mi mente se despeja, se desconecta. No logro procesar nada que no sea a este hermoso fauno entre mis brazos y su boca castigadora. El beso es una lucha de poder, con sangre y dientes incluidos, él no dejándose dominar fácilmente y eso solo logra que mi libido se incremente hasta el punto del dolor y ansiedad carcomiente. Es como si tuviese la libertad para meterse debajo de mi piel y jugar con mis emociones de la forma en que mejor le plazca. No puedo decir que me encuentro molesto, pr

