LARS —¿Padre te la está poniendo difícil de nuevo? — suspiro, apretando el cordón al final de mi trenza con más rudeza de la que pretendía. —Solo lo ignoraré, Uziel — la mirada de preocupación en su rostro no desaparece y ya estoy empezando a enojarme —. Déjalo, ¿sí? — ruedo los ojos y me levanto para caminar a través de su dormitorio —. No es la primera vez y tampoco será la última. —Pero, Lars. Es injusto — susurra, retorciendo los dedos en ese gesto nervioso que siempre hace —. Yo no quiero esa estúpida corona de todas maneras. —Esa "estúpida corona" es tuya por derecho, tonto — me volteo para enfrentarlo —. Debes dejar de llevarle la contraria, las cosas para ti empeorarán de esa forma. —Debería ser tuya y lo sabes — insiste. Benditos Dioses, si no fuese mi herma

