Tener que abandonar horas y horas destinadas a tentativos roces fugitivos, sensuales besos derrite-cerebros, susurros con promesas de infinito placer, fue algo que no tenía idea de lo mucho que me costaría hacer. Pero tengo un reino del cual hacerme cargo, un liderazgo que ejercer. Ya han pasado semanas enteras con mi ausencia contribuyendo en su desánimo e inquietud, la tensión acumulada en los pueblerinos ya es palpable. Como un enorme abismo dividiendo opiniones, levantando sospechas, originando discordias sobrantes y peligrosas. Además, así tomo ventaja de la oportunidad surgida para presentar a mi compañero, anunciando la proximidad del nacimiento de mi heredero y dejando flotar en el aire una amenaza implícita contra aquellos que se la crean demasiado astutos o intrépidos como pa

