Fuego. Consumiéndose en la chimenea, chamuscando la madera, ahuyentando la sensación temblorosa de mi cuerpo. Me siento en paz, en armonía, tranquilo. No recuerdo si mis sentimientos alguna vez estuvieron en calma desde el primer momento en el que crucé a esta realidad, a este entorno de mi pasado tan familiar. Tan conocido, que tanto visité y amé, mi lugar favorito de todo el castillo de roca dura y fría, que consideré mi hogar desde el primer día en que pude abrir mis ojos. De alguna forma extraña y retorcida se ve más oscuro, solitario, siniestro. Pero es justo aquí en donde sé que debo estar, no solo por el hecho de ser convocado, sino porque mi propio corazón parece empeñado en obtener consuelo, ser acariciado, ausente de los peligros que erizan el vello de mi piel en la reali

