Encontrarme a solas con Lars es lo mejor que me ha pasado en todo el maldito día, sobre todo por lo sucedido hace un par de minutos atrás con El Mago. Nos abrazamos por un largo rato, absorbiendo la energía del otro. Aprovecho para enterrar mi nariz en sus mechones rubios oscuros y tomar profundas inhalaciones de su dulce aroma. Mi dragón ronronea lleno de satisfacción. Él deja besos tibios y húmedos en mi cuello, pasando su rosada lengua suavemente por mi nuez de Adán, haciendo soniditos muy parecidos a gemidos cuando degusta mi sabor en su boca. Controlo mi excitación lo mejor posible, hecho que me resulta bastante complicado al recordar los múltiples encuentros sexuales que hemos compartido aquí, sobre el césped y bajo los rayos luminosos de la luna. Consumiéndonos en cuerpo y alma,

