2. RECUERDOS DEL PASADO

2129 Words
Cuando éramos jovencitas, fui muchas veces con Eva y su familia a pasar unos días en su pueblo. Las primeras vacaciones un poco largas que pasé allí conocí a un chico con el que estuve saliendo varios meses y que sin decir nada desapareció y dejó de llamarme. Al verano siguiente fue cuando conocí a Carlos. Reconozco que al principio me caía mal, incluso antes de conocerle. Tenía cinco años más que nosotras y había estado saliendo con Eva cuando ella tenía quince años (o sea que él en aquel entonces tendría veinte) y cuando lo dejaron yo fui el hombro en el que Eva lloraba, por eso no tenía intenciones de perdonar nunca a Carlos, ni siquiera de conocerle y mucho menos llegar a pensar que me pudiese caer bien en algún momento. Pero las segundas vacaciones más o menos largas que pasé en el pueblo de Eva sucedió algo. Una noche de bailes y copas en la discoteca, Eva se enrolló con un chico, yo estaba un pelín borracha y había empezado a llorar por el chico que me había plantado el año anterior. Eva quería irse con su ligue, pero a la vez no quería dejarme sola, así que me dejó con la primera persona de confianza que encontró, y ese fue Carlos. Admito que no me lo había imaginado así. Era más o menos como yo de alto, moreno de piel y con el pelo castaño oscuro. Sus ojos marrones sonreían mucho más que sus labios y tenía una mirada profunda que podría derretir cualquiera de los polos. No estaba segura de porqué me miraba así, pero por mucho que yo fuese vestida con una minifalda y un top con escote, estaba borracha y llorando como una magdalena por un chico que había desaparecido de mi vida un año atrás y del que no había vuelto a saber nada. No solía emborracharme, y las pocas veces que lo había hecho siempre terminaba llorando… y ahí tenía en frente de mí a una persona a la que se supone que yo odiaba, pero que la acaba de conocer y no podía quitarle los ojos de encima. Ambos nos mirábamos sin decir nada hasta que él sonrió y mis lágrimas volvieron a resbalar por mis mejillas. Además de aquellos ojos profundos, lo que venía a mi mente sobre aquella noche fue cómo ese chico estuvo conmigo todo el tiempo que mi amiga desapareció con su ligue. Me abrazó si lloraba, intentó hacerme reír y convencerme de olvidar el pasado, y hasta me invitó a chupitos. Y ahí estaba yo, con unos ojos asombrosos clavados en mí, llorando por un imbécil. Y el mejor recuerdo de aquella noche fue tener a un chico guapísimo y que parecía buena persona pendiente de mí. Hasta varios años después no volví a saber de Carlos. Eva y yo entramos en un bucle de pelearnos, dejarnos de hablar y volver a reconciliarnos cuando pasaba algo y ella necesitaba una amiga cerca. Aquello me hizo pensar en porqué siempre recurría a mí, aunque era yo la que me enfadaba con ella y dejaba de hablarla. Nos reconciliamos cuando su madre enfermó del corazón y tuvo una operación muy arriesgada, y al cabo del tiempo nos volvimos a pelear. Nos reconciliamos cuando su abuelito falleció, pero después de varios meses nos volvimos a pelear. A finales de 2008 nos volvimos a reconciliar, de nuevo me llamó porque su abuelita tenía Alzheimer y ya no podían tenerla en casa. La habían tenido que ingresar en una residencia para personas mayores con ese tipo de problemas y Eva se sentía mal porque ya no tendría a su abuelita todos los días en casa. En ese momento hice un esfuerzo aún mayor por quedarme cerca, intentando que las peleas y las decepciones del pasado no volviesen a alejarme de mi amiga de toda la vida. Empezamos a salir juntas los fines de semana y me presentó a Lorena, otra amiga suya. Un día Eva nos propuso a Lorena y a mí irnos de fin de semana a su pueblo, las tres solas. Éramos mayores, teníamos carné de conducir y coche, trabajo y ahorros, así que no dependíamos de nadie para irnos de fin de semana y todas aceptamos. Estaba segura de que nos vendría bien cambiar de aires. Recuerdos de aquel medio novio de juventud llegaron a mi cabeza, pero ya no dolía y ni siquiera recordaba su cara, así que llegado el fin de semana que habíamos acordado, preparamos maletas, cogimos el coche de Eva y nos fuimos las tres a nuestra escapada de amigas. Los planes eran sencillos, pasarlo bien, comer, beber, bailar y sobre todo disfrutar de estar juntas. Era viernes a última hora de la tarde cuando llegamos a la casa del pueblo de Eva. Abrimos la casa, preparamos las habitaciones que íbamos a utilizar y recogimos las maletas para colgar la ropa en los armarios. Después nos arreglamos para salir. Íbamos a beber, así que dejamos el coche en casa. Aquella noche en uno de los pubs nos encontramos con unos amigos de Eva y estuvimos bebiendo y bailando con ellos. Había unos ojos curiosos que no dejaban de mirarme y su cara me resultaba conocida pero no conseguía recordarle. Me sonrió hasta que puse una mirada coqueta y le sonreí de vuelta mientras yo seguía bailando. Aquello hizo que se ese chico se acercase y se pusiese a bailar justo detrás de mí, acercando su cuerpo al mío con cada movimiento de cadera. Se presentó como Carlos y entonces supe de qué le recordaba y quién era. Estuvimos tonteando mucho rato en aquel pub, pero llegó un momento en el que Lorena y yo nos dimos cuenta de que Eva iba muy borracha y decidimos que era hora de irnos a casa. Carlos se ofreció a llevarnos en el coche y yo me senté de copiloto. Antes de bajar del coche Carlos me preguntó si me apetecía ir a dar una vuelta y le dije que sí sin pensarlo mucho. El tonteo de aquella noche había despertado en mí las ganas de estar con él a solas y me merecía darme ese capricho porque hacía ya mucho tiempo desde la última vez que estuve con un chico. Entre Lorena y yo acomodamos a Eva en el sofá de la salita y después le dije a Lorena que iba a salir y me llevaba las llaves de la casa. Eva se enfadó conmigo y me pidió que no me enrollase con Carlos, que me podía liar con cualquiera menos con Carlos. Intenté tranquilizarla diciéndole que sólo íbamos a hablar, y pareció calmarse, aunque yo sabía que muy probablemente hablar fuese lo que menos haríamos. En cuanto salí de casa y me subí al coche, Carlos atrapó mis labios con los suyos. Acariciaba el borde de mi mandíbula y mi cuello con la yema de los dedos. Fue el beso más ardiente, apasionado y a la vez dulce que jamás me habían dado. Y si no estaba ya rendida a él, con ese beso terminé de rendirme. Efectivamente, hablamos poco. Después de cinco o diez minutos besándonos en la puerta de la casa de Eva, arrancó el coche. Pasamos por la gasolinera a comprar preservativos y algunas chucherías, y después Carlos se metió por unos caminos hasta llegar a una arboleda. La luna casi llena iluminaba aquella noche. Y allí entre los árboles tuve mi primera noche de sexo en un coche. Sí, estábamos en un coche, todo pasó muy rápido aquella noche y no hubo nada planificado ni ningún sitio mejor, pero no había otro lugar donde quisiese estar que no fuese aquel asiento trasero o aquel cuerpo desnudo que me estaba haciendo la mujer más feliz del mundo. Prácticamente nos acabábamos de conocer, pero aquella noche, Carlos y yo conectamos de muchas maneras distintas. No fue solo sexo. Los dos desnudos en aquel asiento trasero hicimos mucho más que darnos placer físico. Nos besamos sin ganas de dejar de hacerlo. Hablamos de un millón de cosas distintas, amigos, familia, trabajo… e incluso de Eva que al final era lo que teníamos en común. Me pidió que no le contase lo que había pasado entre nosotros aquella noche. Y después de hablar y comer chucherías, volvimos a caer en el placer una segunda y una tercera vez. No recuerdo a qué hora me llevó Carlos a casa, pero el cielo empezaba a clarear por el este, así que probablemente fuesen las seis o seis y media de la mañana y ambos estábamos sin dormir. Entré en casa intentando no hacer ruido, me aseé en el baño de abajo y después subí a la que iba a ser mi habitación aquel fin de semana. Me puse el pijama y me acosté. Cuando me desperté al mediodía Eva estaba tumbada a mi lado en la cama mirándome con cara de enfadada. Me regañó durante mucho rato e incluso lloró porque yo me había ido aquella noche con Carlos. Por más que le dije que sólo habíamos estado hablando ella no se lo creyó y siguió enfadada conmigo. Hacía bien en enfadarse y yo hacía mal ocultándoselo a una de mis mejores amigas, pero tarde o temprano sabría la verdad y en aquel momento yo no podía contárselo, Carlos me pidió que no lo hiciese. La verdad no entendía el malestar de Eva ni el secretismo que quería tener Carlos. Ellos tuvieron su historia muchos años atrás. Era cierto que Eva me había contado que Carlos fue su primera vez, pero sólo me había “prohibido” enrollarme con su ex más reciente, al que ella intentaba reconquistar cada vez que iba al pueblo, y además Carlos no era el único chico que habíamos compartido. Aun así, preferí seguir en ese juego de negar lo evidente. No habíamos intercambiado números de móvil, pero antes de separarnos, había quedado con Carlos que la noche del sábado nos veríamos por ahí. Era un pueblo no demasiado grande y todos los bares y pubs donde iba la gente de nuestra edad estaban en la misma zona, así que no sería difícil vernos. Durante el día Eva y Lorena me preguntaron qué había pasado por la noche… y para no mentir más, les estuve contando sobre lo que había hablado con Carlos. Básicamente de nuestras vidas para conocernos un poco más, de lo que nos gustaba, de los trabajos que teníamos y sobre todo de Eva. Les conté que Carlos estaba preocupado por Eva porque en los últimos años había cambiado mucho, bebía mucho y la borrachera de la noche anterior había sido descomunal. Eva se defendió restándole importancia como cada vez que yo sacaba ese mismo tema. Pero tanto a Lorena como a ella les siguió pareciendo extraño que hubiésemos hablado tanto. Aquella noche de sábado volvimos a salir, pero esa vez llevamos nuestro coche. Lorena y yo acordamos no beber demasiado porque Eva iba a beber y ella no podría conducir de vuelta a casa así que tendríamos que hacerlo nosotras. Cuando entramos al pub donde habíamos estado la noche anterior, Carlos estaba allí con otro chico que se le parecía, podría ser su hermano o algún primo. Él me había pedido no contarle a Eva lo que había pasado, así que desde lejos simplemente le sonreí y me quedé con mis amigas. Las canciones sonaban y nosotras bailábamos. Las copas y los refrescos iban desapareciendo cada vez que llegaban a nuestras manos y entre baile y baile Carlos y el otro chico se acercaron a nosotras. Carlos nos presentó y su amigo resultó ser en realidad su hermano Javi. Estábamos bailando y hablando y cuando quisimos darnos cuenta Eva se estaba enrollando con Javi. Fue en ese momento cuando Carlos me besó de la misma forma que me había besado la noche anterior en el coche, como si sólo con ese beso me estuviese haciendo el amor de forma desenfrenada. Sin embargo, aquella noche no hubo escapada a solas, ni noche de sexo, sólo nos enrollamos en aquel pub mientras bailábamos hasta la madrugada. Después Javi y Carlos se despidieron de nosotras y nos fuimos a casa a dormir. El domingo al levantarnos, Eva volvió a amanecer en mi cama, a mi lado y quiso echarme la bronca por haberla mentido diciéndole que el viernes no había pasado nada. Pero se calló cuando la recordé que ella se había enrollado con el hermano de Carlos. Esa última noche, sí le pedí a Carlos su número de móvil y le di el mío, por si nos apetecía hablar alguna vez. Él vivía en un pueblo de Madrid y trabajaba en un hospital cerca de su casa ¿quién decía que no podríamos quedar algún día en Madrid?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD