ZOE El trayecto a su departamento fue tranquilo. En el fondo Zoe estaba herida al igual que yo. Ella también había tenido su historia y había sido liberador compartir esa parte de mí con ella. No sabía si algo había cambiado, pero esta noche no la deseaba solo por su cuerpo. Había algo más profundo que me hacía desear estar con ella. Era una comodidad, esa seguridad que nunca había experimentdo y que me decía que este podía ser mi lugar. La tensión entre los dos tenía su propio ritmo. Cuando por fin detuve el coche frente al edificio, Zoe no se movió. Se quedó ahí, con las manos sobre las rodillas, como si dudara de algo invisible. — Llegamos. —Dije, despacio. — Sí, —respondió, pero su voz sonó más a pensamiento que a palabra. Hubo un silencio extraño, de esos que te obligan a deci

