ZOE Me quedé en blanco. Mi cerebro se congeló como si alguien hubiera desenchufado el cable de la cordura. ¿De verdad había escuchado lo que creía? — Perdón, ¿qué dijiste? —Pregunté con una risa nerviosa, esperando que repitiera otra cosa, lo que fuera, incluso “vamos por unos tacos”. — Sé mi esposa. —Repitió, con esa maldita seriedad de mármol que lo hacía aún más insoportable. La carcajada me explotó en la garganta, amarga, sarcástica, como si el universo estuviera burlándose conmigo. — Ah, buenísimo, señor Foster. Me encanta su sentido del humor. Mire, entre las cuentas de hospital, los acosadores de bar y mi jefe rompiéndose una pierna por accidente, justo me hacía falta que me propusieran matrimonio express el jefe de reemplazo ¿No quiere también que me tire del bungee colgada de

