ZOE Dejé a mi hermano al cuidado de Mila, y los hombres de Nikolai que lo cuidaban. Me había apurado a llegar a la empresa; los medios de comunicación explotaban con las noticias de la supuesta violencia doméstica que sufrió Bianca. La puerta del elevador se abrió y el murmullo me golpeó antes de dar siquiera dos pasos dentro de la oficina. No era el ruido normal de un lunes cualquiera; era un zumbido cargado, nervioso, como de colmena alterada. Voces atropelladas. Teléfonos vibrando. Gente inclinada sobre escritorios leyendo titulares en sus pantallas. No tuve que preguntar para saber qué estaba pasando. En todas las computadoras aparecía el mismo nombre. Nikolai Foster. Fotos. Titulares rojos. Fragmentos de la entrevista de Bianca repetidos en bucle. “Presuntos abusos.” “Violencia do

