ZOE No sabía si era el cansancio, el miedo o el shock, pero el simple hecho de verlo ahí, a Rodrigo, tan impecable como siempre, como si no hubiera un océano de problemas entre nosotros, me congeló por dentro. Él dio dos pasos hacia mí, ese caminar seguro que tanto conocía y que ahora se sentía como un recordatorio incómodo de una vida que ya no me pertenecía. — No esperaba verte aquí. —Dijo con esa sonrisa que antes me desarmaba y ahora me ponía rígida—. Vaya coincidencia. No lo era. Yo lo sentía en la piel, pero respiré hondo, levanté la barbilla y entré en modo “tonta lista”: suave, dulce, vulnerable… y completamente alerta por dentro. Un personaje que sabía usar muy bien. — Rodrigo, —sonreí apenas, controlando cada músculo— ¿Qué estás haciendo aquí? — Vine a ver a un amigo —resp

