Mi amor por ellas no es el problema, por desgracia. Resulta que Kelly nunca me ha querido, aunque entiendo que me ha cogido cariño con los años. También le encanta acostarse con su profesor de tenis, lo cual no es ideal. En cuanto a las chicas, resulta que Sandra no es mi hija, al menos no biológicamente hablando. Y Molly simplemente piensa que soy demasiado débil para soportar la noticia de que mi mujer me engaña. La única buena noticia es que Sebastian todavía me quiere, pero ambos sabemos que se le puede convencer con un buen hueso y una caricia en la barriga. —¡Joder, tío! —dijo Julio con un silbido—. ¡Qué mierda de sándwich, con todo el aspecto de rosbif! Lo siento, tío. Lo siento de verdad. Junio siempre había sido mi mes favorito del año. Era el final del curso escolar y el comi

