Cayendo las esposas sobre sus manos.

1728 Words

—No sabes cuánto me alegro que no seas mi padre, así no tendré que pagar tus malditas deudas. —Buen punto—. Acotó Alfonso. Bladimir tembló y se arrepintió haber confesado la verdad —Pero eso no te librará de mí, eres mi esposa y te atreviste a traicionarme, estuviste viviendo con el niño de cara bonita durante todo este tiempo, y eso nunca te lo voy a perdonar. —Tampoco me interesa tu perdón—, Bramó Aurora con los ojos iluminados. Alfonso apretó los dientes y se acercó a ella, volvió a presionar del delgado rostro y Bufó —Acaso ya no me temes, chiquita. Mira que puedo ser muy cruel si me lo propongo. —Tu problema es conmigo, ¿por qué la tienes a ella aquí?— Alfonso miró a Astrid y esta le fulminó con la mirada. —Son tan idénticas que creí que ella eras tú, por eso la tuve que raptar.

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