—¿Ya te compró?— Cuestionó Robert respirando muy cerca de la espalda de Astrid, al ver la inmovilidad de la mujer lentamente fue caminando hasta quedar al costado, con los ojos enchinados la contempló al mismo tiempo que soltaba más de un suspiro, en cuanto a Astrid, ella se encontraba petrificada con la cercanía de ese hombre, pues no podía moverse parecía un maniquí, tanto así que ni siquiera la respiración se le notaba. Después de contener la respiración por algunos segundos se giró y quedó frente a Robert. —¿Qué desea señor Johnson? —¿Señor Johnson?— Susurró Robert con el ceño fruncido, miró hacia delante y atrás, quizás había alguien y por eso Astrid actuaba así, pensó para sus adentros, no obstante, se encontraban solos. —Si— , acotó la mujer —Recuerde que usted y yo apenas nos

