Buenos amantes.

1878 Words
—Me parece bien que estés presente, Robert—, dijo Richard al tiempo que sacaba de su maletín un sobre —Así te enterarás de los nuevos cambios que habrá en la empresa. Cómo abogado de la familia Brown es mi deber leer una de las cartas de mi amigo, Armando Brown. Robert apretó los puños, escuchar ese nombre le producía náuseas tanto así que sintió unas ganas infinitas de arrojar. —¿Carta de mi padre?— Cuestionó Liam asombrado. —Si, Armando dejó una carta la cual tiene conocimiento tu madre. —¿Qué dice? —No lo sé, solo tengo órdenes específicas para leerla este día y delante de todos los socios. —Que espera para leer la carta abogado Richard Bruce—, pidió un socio. Richard suspiro profundo y la abrió. “Para cuando esté día llegue, Liam ya debes ser un hombre e imagino que también debes estar casado y si no lo estás, después de leer estas letras deberás casarte, porque para ser el presidente y único heredero de los Brown, debes darme un nieto varón el cual lleve mi nombre, de no hacerlo, mi otro hijo tomará el mando” —¿Otro hijo?— Todos los ahí presente se quedaron atónitos, se miraron entre ellos sin comprender de que otro hijo estaba hablando. En cuanto a Robert, el solo mantenía la mirada fija en la mano de Liam sobre la de Astrid, todo lo que murmuraban los socios le daba exactamente igual, lo que en ese momento le preocupaba era que ella accediera a tener ese hijo que pedía el cerdo de su progenitor. —¿De qué hijo habla? —¿Alguien lo conoce?— eran las preguntas que merodeaban en la sala de reuniones. —¿Mi padre tuvo otro hijo? Eso no puede ser, el era un hombre incapaz de engañar a mi madre—, dijo Liam y Robert soltó una risita burlista —¿De que te ríes?— Rugió Liam al levantarse, tuvo las intenciones de acercarse a Robert pero Astrid lo detuvo, le tomó de la mano y con la mirada le pidió que se siente, aquel contacto hizo sacudir el corazón de Liam. —Esto es nuevo para mí—, dijo Richard —Nunca me habló de que tuviera otro hijo. —Al parecer el prefecto Armando no era tan perfecto—, cizañó Robert. —No te atrevas hablar de mi padre, que sea la última vez que lo nombras en tu sucia boca—, dijo con ojos afilados. Robert volvió a sonreír —Tampoco quiero volver a nombrar una persona de esa clase—, dijo al levantarse, antes de salir miró a Astrid y soltó un suspiro. Después que Robert se marchó, todos los socios también lo hicieron quedándose así solo Richard, Liam y Astrid. —Un hijo no estaba en el contrato—, dijo ella muy seria —Si algún día llego a ser madre será porque yo quiera y no porque un contrato me lo exija. Richard se quedó contemplando a Liam, quién mantenía la mirada clavada en la mesa. —No puedo creer que mi padre haya engañado a mi madre. —No sabemos con exactitud cuántos años tiene tu hermano. —Yo solo tengo una hermana—, Refutó Liam rabioso. —Tranquilo, sé cómo te sientes. —Decepcionado, eso siento, una gran decepción porque mi padre no fue el hombre perfecto que solía mostrarse. —Liam... Richard quiso hablar pero el joven a su lado lo cayó. —No quiero ser padre—, dijo alzando la mirada —No por ahora, traer un niño al mundo implica muchas cosas, ni por todo el dinero del mundo encargaré un hijo, más si no estoy listo. —¿Y dejar que Robert se quede con todo? —¡No me importa!—, Refutó al levantarse —No seguiré las estúpidas reglas de mi padre, si quiere dejarle todo a su hijo bastardo que lo haga, pero no seguiré su juego. Dicho eso salió de la sala de reuniones, sin importarle que Astrid se quedaba atrás, Liam caminó dando zancadas largas, llegó hasta el parqueadero y en su auto se dirigió a un bar, para él no había hora fija en emborracharse, más si estaba cruzando por algún problema. En la empresa Brown, Astrid intentó ir tras Liam, pero al verlo alejarse a toda prisa se quedó a medio camino. —No te preocupes, llamaré un taxi para que te lleve. Dijo Richard al pasar por su lado. Astrid agradeció y se encaminó hasta el elevador, cuando las puertas estaban por cerrarse un zapato n***o impidió que estas se cerraran, al momento que vio el rostro del hombre un temblor sacudió su cuerpo. Robert Johnson sonrió de medio lado, seguido ingresó y puso el botón de subir —Bajaré—, dijo Astrid al aplastar el botón de bajar. Robert volvió a presionar el de subir y Astrid volvió a presionar el de bajar —Si continúas apretando el botón de esa manera terminarás dañando el ascensor y nos quedaremos encerrados. —¿Qué quieres?— Rugió con los dientes apretados. —Conversar—, dijo Robert al recostarse en la pared. —No hay nada de que hablar, eso fue lo que me dejaste claro hace dos años ¿No lo recuerdas, Robert Johnson? —Lo recuerdo, y también recuerdo que dijiste que nunca me ibas a olvidar y que me amarías por siempre así yo no te amara—, Robert se fue acercando a Astrid, en cuando a ella estaba estupefacta, no podía mover ni un solo dedo incluso su respiración se había detenido, Robert posó sus dos manos acorralándola en una esquina del elevador y clavando su mirada miel en los marrones de ella, hizo estremecer el corazón de Astrid —¿Quiero saber si aún existo en tu corazón?— preguntó muy cerca del rostro de Astrid. Esta última tragó gruesa saliva y sin titubear vociferó —No. Ya no estás en mi corazón, saliste el mismo día que decidiste abandonarme en prisión. ¿Crees que podría seguirte amando después de todas las veces que me negaste? Ahora entiendo porque nunca querías que te visitara en la universidad ni mucho menos en el trabajo, era porque te avergonzabas de mí, y yo de ilusa que creía que en verdad no tenías tiempo, no le hice caso a mi padre, y al final el resultó teniendo razón, me abandonaste cuando te cansaste de usarme. Robert suspiró y clavó su frente en la de Astrid “Si supieras que todo lo hice para protegerte, incluso enviarte a prisión, de lo contrario ya no estarías en este mundo” se dijo para sus adentros al mismo tiempo que soltaba un suspiro —Una lástima, porque podríamos ser buenos amantes—, dijo al separarse de ella. —¿Amantes? Eres un asqueroso, ¿cómo puedes venirme a proponer eso?— Astrid manoteo a Robert y este tomó con ambas manos las muñecas de Astrid, seguido la apegó a la pared y se arrimó a ella. —Se que aún mueres por mi y que esa boca desea volver a probar de mis labios, no trates de engañarme porque te conozco muy bien y ahora mismo puedo sentir como tú corazón late a mil segundos por mi, si piensas que puedes olvidarme en los brazos del idiota de Liam estás equivocada. —Si puedo—, dijo Astrid al separarse de él —Liam es un caballero, algo que a ti te falta. Robert sonrió —Tan caballero es que te trae a la empresa y te deja abandonada—, Volvió acercarse y apegó su nariz muy cerca de la de ella, seguido suspiró gruesamente —Pequeña, te apuesto lo que quieras que en éste momento ese niño se está emborrachando, porque es tan débil que ni siquiera puede soportar saber que su padre tuvo otro hijo. Astrid detuvo el aire y posando sus dos manos en el pecho de Robert lo fue apartando, a continuación se quedó contemplándole fijamente, por primera vez después de tanto tiempo podía mantener la mirada clavada en él —No vuelvas a llamarme pequeña—, dijo e intentó salir, pero Robert volvió arrimarle a la pared. —No he terminado aún. —Pues yo si—, dijo al quitar las manos del hombre que se direccionaba a su rostro —No quiero que vuelvas a hablarme, sigue haciendo de cuentas que no me conoces y que nunca existí en tu vida. Dicho eso Astrid salió —Astrid, vuelve aquí—, exigió Robert, pero ella ignoró la orden de su ex. Este último quiso ir por ella pero se encontró con dos de su empleados en el pasillo, al ver a Astrid alejarse suspiró y volvió al elevador. Por otro lado Liam alzó una copa de licor, a su lado se sentó una mujer la cual acarreó su mirada, el castaño sonrió y se volteo a verla —¿Estás sola? —Si, ¿y tú?— La mujer miró la mano de Liam y cuestionó —¿Eres casado?—, preguntó al ver el anillo. En ese momento Liam recordó a Astrid, llevó sus manos a la cabeza —Lo siento, debo irme—, agarró su chamarra y salió a toda prisa de el bar, de camino a la empresa llamó a corderito. —Astrid ya se fue, quedaste como un patán delante de ella. —Lo sé—, colgó y entonces cambió de ruta, se dirigió a su casa, en el momento que el llegaba, Astrid también lo hacía. Liam bajó de su auto y canceló al taxista —Perdóname—, dijo al soltar un suspiro. —No se preocupe señor Brown, entiendo por la situación que está pasando. Dicho eso Astrid intentó ingresar a la mansión y con sutileza Liam le tomó de la mano y la llevó a él, soltó un suspiro mientras la miraba fijamente —¿Estás enojada? Astrid le sonrió y negó —No, ¿por qué debería estarlo? —Porque te dejé ahí, y me marché como un patán. Astrid cerró los ojos y negó, al mismo tiempo suspiró —No estoy enojada, en serio. —Bien—, dijo Liam —Por mi mal actuar de hace unas horas, déjame recompensarte. —¿Recompensarme? ¿De qué manera?— Astrid no quería recompensas, estaba por hacerlo saber cuando en un movimiento rápido Liam la tomó en sus brazos y así la llevó hasta dentro de casa —No, ¡bájame! ¿Estás loco?—, la mujer miró al hombre que la cargaba en brazos y al conectar su mirada con la de él, sintió un sensación extraña en su estómago. Al colocarle en el suelo, Liam la tomó de la mano y la acercó a él, con una mano acarició el rostro de la joven y la otra la posó en la cadera —¿Sabias que eras muy hermosa?—, Astrid suspiró y evadió la mirada, puesto que la cercanía y el contacto de su piel con la de ese hombre, le ponía tensa.
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