La boda

1067 Words
Al día siguiente, en las afueras de la cárcel de mujeres, un Lamborghini Veneno Roadster se estacionó frente a la mujer que acababa de salir: Astrid Linos. Esta última se adentró en el coche; una vez dentro, el auto emprendió su marcha y se perdió por la autopista. Horas después se estacionó frente al salón de belleza. Al ver el refinado lugar, Astrid se quedó con la boca abierta, más aún cuando ingresó al salón y varias mujeres empezaron a arreglarle el cabello y a hacerle tantas cosas en su cuerpo. Parecía una muñeca dejándose llevar de un lado a otro. —Lista —dijo la mujer que posó el espejo frente a ella. Astrid no podía creer que la mujer frente al espejo fuera ella; el cambio que le habían hecho era excelente, ni siquiera ella misma se reconocía. Cuando Astrid conoció a Robert solo contaba con diecisiete años de edad. Era una muchacha humilde de clase baja, al igual que él. La diferencia era que Robert estudió en la mejor universidad del país gracias a su padrino millonario. Desde entonces, sus sueños siempre fueron en grande; las ganas de superarse y llegar a lo más alto eran su principal meta. Jamás imaginó enamorarse de una joven pobre como él, pero se enamoró como un loco y no dudó en casarse con ella cuando el padre de Astrid intentó llevársela lejos. Robert pensó en superarse junto a ella, triunfar y lograr todos sus sueños al lado de Astrid. Sin embargo, cuando empezó a escalar más alto y se vio rodeado de mujeres muy hermosas y refinadas, entonces empezó a cuestionar y a hacer diferencias entre la mujer que tenía en casa y las que lo rodeaban. La lujuria fue más fuerte que el amor que decía sentir por su esposa; por ello decidió separarse y, cuando sucedió aquel ataque, vio el momento oportuno para librarse de Astrid y puso sus ojos en la viuda de Brown. Después de salir del salón de belleza, Astrid fue llevada al registro civil, donde se unirían en matrimonio con Liam Brown. Este último se encontraba parado frente al juez y, una vez que escuchó la puerta abrirse, se giró lentamente para encontrarse con la mirada de ella. Liam se quedó perplejo al ver a la mujer con la que uniría su vida. Si ella era la ex de su padrastro, sería un tonto por haber dejado a tremenda escultura, pensó Liam para sus adentros. Puesto que aquella mujer era tan hermosa como una diosa, la miró fijamente y sonrió. Una vez que Astrid se paró a su lado, él le tomó la mano y se acercaron más al juez. Aquel contacto hizo estremecer el cuerpo de Astrid; ante aquel descontrol quiso soltar la mano de Liam, sin embargo, aquel hombre no le permitió zafarse hasta que firmó el papel. —Ante el derecho que me conceden las leyes del estado civil de los Estados Unidos, los declaro marido y mujer. Puedes besar a la novia. Liam se volteó a ver a Astrid, quien abrió los ojos con asombro al momento en que aquel hombre se acercó. —Que todo parezca real —murmuró antes de que sus labios hicieran contacto con los de Astrid. Al segundo siguiente, Astrid lo apartó y soltó el aire que había retenido. Minutos después salieron del registro civil y se dirigieron a la mansión Brown. Una vez ahí, Richard, Liam y Astrid se encerraron en el despacho. El abogado sirvió tres copas y las extendió a las dos personas que se encontraban sentadas frente a frente. —¿Leíste el contrato? —cuestionó Liam. —Dos veces, y tengo claro cuáles son las reglas de este falso matrimonio. —Me parece bien —dijo al sonreír y beber de la copa—. Pero hay algo que no iba incluido en el contrato; sin embargo, debemos hacerlo. —¿Qué cosa? —Dormiremos en la misma habitación. —Creí que era un matrimonio irreal. —Y lo es, solo que compartiremos la habitación, pero nada más. —Ok, por mí no hay problema, siempre y cuando ocupe su espacio —dijo Astrid al retirar la copa. —Así será. Mujeres es lo que más tengo, y créeme que meterme con la ex de mi padrastro sería lo último que haría —dijo con seguridad. —A mí tampoco me gustan los niños —replicó Astrid al recostar su espalda en el espaldar del asiento. Liam sonrió de medio lado y bebió de su copa. —Creo que tenemos la misma edad; incluso soy dos días mayor que tú —expuso, y Astrid frunció el ceño. —¿Cómo sabes que cumplo años dos días después que tú? —Sé todo de ti, señorita Linos… o mejor dicho, señora de Brown. ¿Te gusta así o exseñora de Johnson? Astrid hizo una mueca de desagrado y culminó: —No mezclemos el pasado. Si estamos aquí es para juntos destruir a Robert Johnson. —Tienes razón —dijo Liam al chocar su copa con la de ella y luego beber hasta secarla. —Parece que te gusta el alcohol. Desde ya te digo que no me agrada compartir la cama con personas que emanen olor a trago. —Tranquila, que cuando yo bebo, no regreso a casa. —Bueno —intervino Richard—. Ya habrá tiempo para que se digan lo que no les gusta del otro. Lo que tienen que hacer ahora es ponerse de acuerdo en cómo se conocieron y se enamoraron. Debe ser una historia que tu madre se crea. —Pero se les olvida algo: Robert me conoce. Él sabe que jamás he salido con un hombre que no sea él. Richard sonrió y explicó: —Por ese ni te apures, que lo más probable es que cuando te vea haga de cuenta que no te conoce. Además, el muy cobarde nunca le contará a Ava que tú eres su exesposa, ya que la historia que le contó es que él jamás ha estado casado. —¿Se atrevió a negarme? —Siempre —confesó Richard—. Siempre dijo estar soltero. Astrid sintió un dolor profundo en el pecho. Enterarse de que Robert la negó un millón de veces fue otro golpe duro para su corazón, pero al mismo tiempo un motivo más para endurecerlo y aumentar el desprecio hacia él.
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