Capítulo 74. No me gustan las cenas benéficas, pero forman parte del papel. Había logrado salir airosa con el discurso, con las sonrisas obligadas, con los brindis y los saludos. Todo el mundo esperaba de mí compostura, seguridad, y yo la ofrecí sin mostrar el cansancio ni el fastidio que me consumían por dentro. Cuando terminaron los discursos y comenzó la música, las luces bajaron y los camareros empezaron a apartar mesas para dar espacio a la pista de baile. Yo aproveché la distracción para retirarme. Necesitaba un momento a solas, aunque fuera en el baño. Salí del salón principal y caminé por el pasillo alfombrado. El eco de la música llegaba atenuado, mezclado con el murmullo de las conversaciones. Abrí la puerta del baño y me miré en el espejo. El maquillaje seguía intacto, pero m

