Capítulo 28. Tengo que salir a comer, pero no tengo ganas de encontrarme con él, porque de hacerlo, de seguro que lo estrangulo con mis propias manos. He estado pensando en qué hacer, ahora no soy la misma que firmó ese estúpido contrato. Tengo una fortuna y una vida que vivir. Pero sigo estando incomunicada y, lo que es casi peor, ¡casada con él! He llegado a la conclusión de que, por el momento, lo mejor que puedo hacer es tragarme mi propia bilis y mostrarme amable y sumisa, o al menos intentarlo, aunque me cueste la vida. Si consigo engañarle, volveré a tener privilegios y con ellos podré contactar con María o con Fernando y salir de este lugar. No me gusta depender de nadie y tampoco estoy acostumbrada a ello, pero esta vez no tengo más opciones al alcance de mi mano. También he

