Samantha Landers El gran día había llegado; no sabía si estaba nerviosa por el discurso que debía dar frente a todo el mundo o por la decisión que había tomado finalmente respecto a mi situación amorosa. Era nuestro último día en el instituto y por ende, era el último día que poseía para disfrutar de esta patética pero divertida etapa en mi vida. Me coloqué un hermoso vestido de color azul marino que me había regalado mi madre y, encima, la toga correspondiente a nuestro acto de grado. Estaba sudando frío. Nutella yacía a mi lado sentada, esperábamos tranquilamente a mis padres mientras a mí me carcomían los nervios. Sí, definitivamente no sabía si era por el discurso o por el final de este ciclo. De cualquier forma, sentía que estaba haciendo el ridículo completamente. Respiré prof

