En ese momento, el Monte Ignis vibraba con ese pulso constante de la lava que fluía por sus venas de roca. Pyro se encontraba sentado en el suelo de su caverna, —tu territorio— rodeado por lo que solo podía describirse como un desastre creativo de proporciones épicas, aunque él trataba de verle el lado positivo, para no caer en la locura… otra vez. Estaba rodeado de muchas figuritas. Docenas de ellas. Pequeñas, imperfectas, cada una con sus propios defectos únicos que las hacían especiales de una manera que él no había planeado. El dragón élfico alzó una de las creaciones con sus dedos, estudiándola bajo la luz naranja que emanaba de los charcos de lava cercanos. Esta tenía un brazo considerablemente más largo que el otro, y la cabeza estaba un poco torcida hacia un lado que le daba un a

