MIENTRAS TANTO EN EL MONTE IGNIS El Monte Ignis vibraba con el pulso constante de la lava que fluía por sus venas de roca. El calor era absoluto como siempre, era ese tipo de temperatura que podría matar al más débil o cualquiera que no tuviera la magia de fuego u otra que pudiera protegerlo de las altas temperaturas. Pero para Pyro, sentado en el suelo de su caverna con las piernas cruzadas, era apenas un susurro tibio contra su piel élfica bendecida por el dios del fuego. Frente a él descansaba la figura de madera que había estado tallando durante las últimas horas. O lo que debería haber sido una figura del dios al que adoraba. —Luce… interesante —susurró mientras entrecerró sus ojos dorados conforme estudiaba su trabajo con una frustración que intentaba disimular. La cabeza era dem

