Mientras el palco real estaba lleno de emoción por lo que pronto presenciarían, y los artistas entretenían a las masas en la arena dorada, en las profundidades del coliseo, lejos de las miradas del público, había una serie de salas de espera donde los combatientes se preparaban para sus encuentros. En marcado contraste con el lujo del palco real, estas salas eran notablemente austeras. Las paredes de piedra desnuda, los bancos de madera gastados por años de uso y los armarios abiertos que contenían equipo de combate de repuesto definían el espacio. El ambiente aquí era más fresco, pues la zona estaba protegida del sol implacable que castigaba la arena. De hecho, las paredes de piedra irradiaban un frío perceptible. Sin embargo, a pesar de la frescura del lugar y de que quienes se encontr

