Asher no necesitó más indicación. Sus truenos se dispararon de sus manos en rayos brillantes que se entrelazaron en el muro de agua. La electricidad se dispersó a través del líquido con una rapidez cegadora, convirtiendo el muro en una barrera electrificada que crujía con poder. Cuando el fuego azul de Pepe golpeó la barrera, el sonido fue como el de mil campanas repicando al mismo tiempo. El hielo se formó de inmediato donde ese fuego azul tocaba el agua, pero los truenos de Asher lo destrozaban tan rápido como aparecía, manteniendo la barrera líquida y letal. El calor y el frío chocaban en explosiones de vapor que nublaban la visión. Pero a través de la niebla, Pepe continuaba su ataque sin piedad. Caleb, montado en su espalda, gritaba instrucciones y ánimos. Sus propias manos brillab

