Isabel estaba feliz por dentro, pero fingió consolar a Saúl: —Saúl, no digas eso. Después de todo, ella es tu hermana. —Claro que no —respondió él con desdén. ¡Ella no era digna! A Saúl nunca le había agradado esa "hermana" que apareció de repente. Desde la primera vez que llegó a la mansión Hamilton, con su aire de campesina ingenua y ese olor característico, le causó rechazo. Bebía agua del grifo como si fuera té, hacía bromas en todo momento, y se comportaba como si aquella casa fuera suya. Le robó la ropa a Isabel, tocó su piano, apareció en un banquete con una réplica barata del collar familiar… incluso usó los borradores de diseño de Isabel para presentarse en una competencia. Una tras otra, sus acciones escandalosas pusieron en vergüenza a la familia Hamilton. A sus ojos, R

