Oficina de Policía de la Capital Imperial Saúl maldijo en voz baja, alzando las cejas hacia Tomas. —Primo, ¿no crees que estás siendo demasiado crítico? ¿Qué estás insinuando? Solo vine a visitar a Rose. ¿Qué te hace pensar que estoy causando problemas? Tomas, frío e impaciente, apenas le dirigió una mirada. —Date prisa y escríbelo. Cuando termines, encuentra a alguien que venga a liberarte. El entrecejo de Saúl se frunció levemente. Si alguien venía a rescatarlo, no sería capaz de ocultar el desastre que había causado hoy... Tras unos segundos de silencio, levantó las cejas y bromeó: —¿Por qué no dejas que el abuelo venga a salvarme? Tomas lo miró de reojo. —No tiene tiempo —soltó sin piedad. —Entonces no hay otra manera —Saúl abrió las manos, fingiendo resignación. Tomas frun

