Los días se convirtieron en semanas con tanta prisa que Dolores apenas podía precisar el tiempo que llevaba junto a Amparo. Su imaginación había sido exprimida al máximo, le encanta sorprenderla, hacerla reír y sobre todo acompañarla en esa transformación de la opacidad al brillo luminiscente en su mirada. Por supuesto que aún tenía momentos de algo parecido a la nostalgia, sobre todo cuando alguna canción de su padre sonaba en la radio o cuando llegaba la hora despedirse, pero era lógico, ella sabía muy bien lo que significaba crecer sin una madre. Roy por su parte había adelantado su regreso, como si se tratara de la traslación de la tierra, con minutos en apariencia imperceptibles, cada día llegaba con mayor claridad externa. Solía unirse al juego propuesto, había comenzado a sonreí

